julio 19, 2017

No seamos normales, seamos felices.......

En Melchor Romero, a diez kilómetros de La Plata, funciona uno de los tres grandes neuropsiquiátricos estatales de la provincia de Buenos Aires (Argentina). En un edificio rodeado de un gran parque hay 526 personas internadas; de ellas, 217 son mujeres. Algunas viven ahí desde hace 30, 40 y hasta 60 años. Aisladas, con la memoria de los tratamientos de electroshock y sin derecho a la intimidad, sus destinos están atados a una cuestionada institución que debe desaparecer en el año 2020.....




Fuente: http://www.revistaanfibia.com/cronica/decalogo-de-la-denigracion/
Fotos: María Laura D’Amico

Ella acepta conversar en la penumbra de la sala, mirando hacia una puerta por donde se quiere meter la mañana. Disfruta de observar los pájaros sobre los árboles, y sonríe en ese acto sencillo. Carmen es una de las mujeres con más manicomio encima: acaba de pasar sesenta inviernos en el hospital Alejandro Korn. Es también una de las pocas pacientes que no toman medicación psiquiátrica. Y la única que todos los días deja su sala con algún objetivo: conseguir hilo para bordar, cortar flores de los jardines, hacer mandados. Si tiene plata, compra masas finas en una panadería que queda a unas cuarenta cuadras. Cuando se cansa le pide a algún policía que la devuelva en patrullero, gratis.

−¿¡Qué me va a pasar!? −dice.

Otras mujeres llevan demasiado tiempo alojadas en este neuropsiquiátrico público creado a fines del siglo XIX a diez kilómetros de La Plata, en un predio verde y abierto pensado para transmitir la ilusión de la libertad. América vive ahí hace 43 años; Ana, hace 38; Beatriz, hace 35. Sus nombres reales son otros y la lista es larga.

Casi todas llegaron con “esquizofrenia paranoide” y sin obra social cuando tenían entre 20 y 50 años y eran solteras sin hijos, madres solteras o viudas. Estaban “enfermas de los nervios”. “Trastocaban la vida familiar” con sus conductas. Tenían alguna pena de amor, algún aborto o habían sufrido algún abuso. Ayer “enfermas” y hoy “usuarias” del servicio de salud mental, todavía habitan las salas de pacientes crónicas, soportándose y soportándolo todo, comiendo poco y feo, sin derecho a la intimidad, al silencio, a la soledad.




Para el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias (GTDA) de la ONU, en historias como éstas existe una privación de la libertad arbitraria. En mayo, después de su segunda visita oficial a la Argentina, el GTDA difundió un informe preliminar que enfoca casos “alarmantes” de personas confinadas hasta 63 años en instituciones “sin perspectivas reales de liberación por carecer de recursos y de redes sociales para vivir en la comunidad”, a pesar de lo que plantean la ley nacional de salud mental y su par provincial, en marcha desde 2013. Este universo incluye las internaciones eternas de personas con padecimientos mentales que salieron del sistema penal. Es el caso de una mujer de 87 años, madre soltera y ama de casa, que en 1984 llegó a Romero desde la cárcel de Olmos, donde estaba presa por homicidio, y aunque obtuvo el alta lleva 33 años en las fauces de la maquinaria psiquiátrica: no tiene a dónde ir.

En otras palabras, aunque no haya más internaciones forzosas y las puertas de Romero −el primer neuropsiquiátrico open-door que tuvo el país− estén más abiertas que nunca, cuando las familias no existen, no pueden o no quieren cuidarlas, estas personas dependen del apoyo del Estado para cruzar el muro. Eso es lo que la ONU le exige al gobierno argentino para concretar un desafío de la envergadura del cierre de los manicomios.

Carmen y los electroshocks. Carmen (85) tuvo una infancia alegre; le gustaba pasear por Villa Domínico, hizo hasta cuarto grado y trabajó en una fábrica de botones hasta que murió su madre adoptiva. No se casó ni tuvo hijos.

El 1º de julio de 1957, hace sesenta años, su hermana la internó en Romero, donde le diagnosticaron “esquizofrenia paranoide”. Otros médicos escribieron: “HISTERIA”. Tenía 24 años y “tendencia al suicidio”. Había estado internada en el Policlínico de Lanús. Al Korn llegó un poco desorientada y preguntando si ahí también la iban a castigar. La respuesta llegó rápido.

En los primeros diez días la sometieron a diez comas insulínicos que para los médicos no dieron resultado. Se le indicó entonces un tratamiento con electricidad. “Luego de practicados varios shock muestra remisión sintomatológica”, escribe alguien en su maltratada historia clínica el 15 de agosto de 1957, y esto motiva su alta. Pero al año siguiente Carmen vuelve al neuropsiquiátrico y eso significa la vuelta a los comas profundos (treinta en total) y a los electroshocks “cada día y medio, hasta completar veinte”. El cóctel de electricidad, insulina y contención mecánica continuó cinco años más.
Medio siglo después, mientras mira los pájaros por la puerta entreabierta de la sala Bejarano y se hace crecer un rodete gris sobre la tapa de la cabeza, ella denuncia esas prácticas con palabras −algunas más comprensibles que otras− y con gestos: las manos en las sienes, la mueca de morder algo duro y el dolor en el rostro. Luego se envuelve con sus propios brazos para recordar que llegó a Romero en ambulancia y “como un matambre”.

−Eso no se hace −repite.

Al parecer se hizo hasta hace poco. Durante una recorrida a pie por el predio una mañana en que la bruma borra las copas de los árboles, una trabajadora del hospital asegura que ella presenció una sesión en 2011. En 2014, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) incluyó “la persistencia de intervenciones como el electroshock” en una extensa presentación judicial sobre condiciones de vida en Melchor Romero que terminó con la intervención de la Dirección Asociada de Psiquiatría de este hospital. Y el año pasado, el Órgano de Revisión Local (ORL) de Salud Mental bonaerense adhirió a una resolución de la Secretaría de Salud Mental de Jujuy que prohíbe la “terapia electroconvulsiva”. Pero algunos profesionales consultados en Romero para esta nota relativizan la demonización de esta práctica: “El tema es el abuso que se hizo de esto acá”, distinguen. Y agregan que, salvo por el impacto visual que produce en los testigos, no es peor que bloquear las emociones de las personas con psicofármacos; llamarlas por el apellido a los gritos; dejarlas sin privacidad; o manejarles los cuerpos con traslados entre salas y modos de vestirse.

−La anulación de ese otro, la masificación, la pérdida de singularidad −resume Andrea Tomasini, trabajadora social del neuropsiquiátrico−. Que sea para todos lo mismo.

En seis décadas, Carmen conoció todo este decálogo de la denigración. Por milagro, a su cuerpo ágil y menudo le queda resto para pasear por Melchor Romero, su barrio; un pueblo armado en función del hospital cuando se diagramó la ciudad de La Plata y se fue empujando a esa zona a los locos, a los retrasados mentales y a los presos. Ella sale del hospital todos los días, aunque el personal de seguridad tienda a pararla, por vicio institucional o sobreprotección. Por ahora siempre vuelve. Su capital es la voluntad.




Ana y el paraíso terrenal. Los electroshocks también se hacían en la institución de Lomas de Zamora de donde huyó Ana (79). “Dos veces me escapé de ahí”, dice, e igual que Carmen representa estos experimentos con las manos en las sienes.
Ana dejó la escuela primaria para ir a limpiar a lo de una señora. Nunca se casó ni tuvo hijos. A Romero llegó con su madre desde Villa Ballester, en 1979. Tenía 42 años y un cuadro de “esquizofrenia paranoide residual”. La ficha de ingreso informa que se negaba a comer. La opinión de  Ana es que la internaron por trastornos en los intestinos y estar “enferma de los nervios”.

−A mí me trajeron engañada. Llegué acá a la una de la tarde, en ambulancia.

Los informes institucionales dicen que, si hubiera tenido dinero, su familia la hubiera podido “externar”. Hoy sólo la visita su hermana, que es peluquera y una vez al mes le corta y tiñe de negro el pelo lacio, ahora corto, tesoro de su juventud. También le lleva obleas rellenas, le deja unos pesos y le regaló la lámina en tonos naranja que está pegada contra la pared y enmarca su cama. Su vida.

−Es un ángel del paraíso terrenal, se merece el cielo y la tierra entera −dice, y muestra unas zapatillas blancas sin cordones que le regaló su hermana, su ángel, la última vez.

Ana tiene pocas pulgas. Cuando se enoja levanta la voz y manda a la mierda revoleando un brazo por encima del hombro. Si está de buen humor canta canciones de iglesia y conversa. Cuenta que a ella le decían “muerta de hambre” y con razón, porque no tiene a dónde ir. Y que recordarlo le “pudre la sangre”.

−El pasado pisado −prefiere.

Los 38 años de encierro han hecho un trabajo implacable en su cuerpo: está muy encorvada, siempre parece cansada y pesa 37 kilos. Llegó a pesar 30 y depender de cuidados intensivos. Hasta hace poco salía a hacer mandados e iba a misa en la parroquia del hospital. Pero en una caída desde su propia altura se fracturó el brazo derecho y ya casi no deja la sala Bejarano, que habita con 26 compañeras de vida no elegidas.
Como en otras salas de mujeres del Korn, hay poca ventilación y pocos espejos, un comedor gris y un baño sin puerta. Dos perros y gatos de todo tamaño y color andan por las camas, las frazadas y los roperitos. En el hall de entrada se exhiben carpetas con el apellido de las pacientes en el lomo; están divididas en la historia clínica y la psiquiátrica, como quien escinde cuerpo y alma. Y afuera se juntan colchones viejos y sillas de ruedas desvencijadas.

−La comida es una porquería −dice  Ana−. Ni los chanchos comen esto.

El desayuno se sirve entre las 5 y las 6, el almuerzo a las 11 o 12, la merienda tipo 3 y la cena a eso de las 7. Varias mujeres de esta sala mendigan comida. Ana a veces pide “el refuerzo” (un par de galletitas, un huevo duro, un pedazo de queso) y se lo da a una mujer que vive postrada en otra cama.

−Ella antes era linda y trabajaba −señala.

Experta en nombres y apellidos, edades, fechas de cumpleaños, y circuitos de mujeres por el hospital, se acuerda de una que llegó de la sala Maldonado: “Esas eran bravas…”. De la que se fue “a vivir con la hija”. De otra que cazaba palomas al vuelo y se las comía crudas. Y de una española de La Coruña que “tenía una hija con plata que la dejó acá. Murió en la guardia”.

Su capital es la memoria, robusta en su cuerpo frágil. Y con ella lee el paso del tiempo. Su deseo actual es salir a visitar a su madre, que tiene 90 años y se está quedando ciega en Villa Ballester. Pero no se ilusiona mucho: no tiene plata. (*)




Edith Piaff. “Mujer con muñeca”, la foto que Helen Zout le sacó en Melchor Romero para la serie El dolor, es de 1989, cuando ella tenía 44 años y ya llevaba nueve internada. Era viuda. En ese instante en blanco y negro que dio la vuelta al mundo, ella sostiene, absorta, una muñeca de trapo. De fondo se ve la sala del hospital que esta profesora siguió habitando hasta el 29 de junio pasado.

Ese jueves, a media mañana, la externación de esta paciente histórica sorprende a los trabajadores del Centro de Atención Primaria en Rehabilitación (Caper), que tienen su foto más famosa pinchada en un panel del consultorio y corren a despedirse, conmovidos.

−Gracias, muchas gracias por todo. Y sigan trabajando por los pacientes −dice la mujer, desde el auto que la traslada con unas pocas cajas donde caben sus pertenencias, 72 años de vida y 36 de manicomio.

−Me alegra que te vayas de este lugar −la alienta tomándole las manos Sandra Vitale, jefa del Caper. Una vez que el auto se aleja, la médica se permite la emoción:− ¡Que lo parió! −. Sabe que su destino no es una casa sino otra institución, privada, que quizá no garantice días mejores.

Este centro de salud para personas internadas funciona en el hospital desde 2001 y, dentro del Movimiento por la Desmanicomialización de Romero (MDR), pelea por “un proceso de sustitución del manicomio democrático y sustentable”. En su fachada un mural dice Libertá. Movimiento. Amor. A pocos metros hay una sala de varones y una de mujeres. Y al lado un edificio con faja de seguridad guarda un voluminoso depósito de papeles y carpetas abandonados a su suerte.

En la sala F, donde vivió la mujer con muñeca, quedan su cama vacía, un almanaque 2014, algunas otras fotos suyas y lo mejor: el recuerdo de sus canciones en francés, que explica por qué alguien anotó en su historia clínica “Edith Piaff” en birome azul. Por lo demás, es una mañana como cualquiera: una enfermera acomoda pastillas en una bandeja de madera; una muchacha desnutrida enfila al comedor; una mujer espera el almuerzo doblada en una silla plástica; y una señora ciega pide García Lorca en braille (quiere Bodas de sangre y poemas). Hay cucarachas, una rata muerta y las ventanas están cerradas.

Afuera, en la inmensidad del predio, una figura camina cargando bolsas; asoma momentáneamente entre plátanos, pinos y hojas secas, y desaparece en la bruma. Más allá, un muchacho teñido de amarillo fuma en soledad sobre un tronco. Se oye el motor de un camión que recoge ropa sucia de las salas en bolsas de tela roja. Y llegan ruidos desde la sala D, donde hay refacciones en marcha. Entre los andamios, en un mural con dibujos infantiles en colores, se lee: No seamos normales, seamos felices. También: Vivir solo cuesta vida.




“Todos tienen que salir”. Al cierre de esta nota quedaban 526 personas internadas en Melchor Romero, uno de los tres grandes loqueros estatales de la provincia de Buenos Aires. De ellas, 217 son mujeres, distribuidas en distintas salas. En las de crónicos ya no se permiten nuevos ingresos, aunque a veces ocurren; son personas sin redes de afecto o personas en situación de calle, que encuentran una cama y un plato de comida.

−Todos están mal internados y tienen que salir −dice Belén Maruelli, médica generalista del Caper−. Pero para mí la gente grande, que ha sido encerrada y torturada muchos años acá adentro, debería ser la primera en salir, para poder vivir de otra manera los años que le quedan, y porque no me gustaría que nadie más se muera acá adentro.

En 2014 desapareció ahí Bernarda Saucedo (84), una mujer institucionalizada por medio siglo a la que la Justicia nunca buscó; en su historia clínica dice que pasaba hambre en la casa donde limpiaba, que la internó esa familia en complicidad con su novio y que cuando llegó al Korn creyó entrar en una morgue. En 2015 falleció Celina Trezeguet, una obrera de frigorífico que pasó 74 años encerrada. Las muertes y su falta de investigación abundan y son motivo de denuncia constante del CELS y la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires (CPM).

−Toda muerte en un sistema de encierro es dudosa −define Maruelli, miembro de la “comisión de óbito” de Romero, y señala que allí la probabilidad de morir es de cuatro a diez veces mayor que afuera, aun cuando hay un hospital general enfrente. Las causas principales son infecciones generalizadas, neumonía, insuficiencia cardíaca, broncoaspiraciones y cáncer.




−¿Cuánto queda de manicomio?
−Según la ley, hasta 2020. Yo creo que no se va a llegar, porque se necesitan condiciones materiales afuera y parecería que no hay una intención clara de financiar externaciones sustentables. Equipos interdisciplinarios que puedan trabajar como corresponde con las personas, casas para que vivan afuera y curadurías que puedan recorrer este cambio paradigmático para garantizar el acceso a las personas sin dinero. Muchas veces se traba ahí. Yo lo veo re difícil.

En 2015, la escasez de recursos humanos y el estado deficiente de este edificio llegaron hasta la Corte bonaerense, que le dio a la Provincia un año para resolver ambos temas. Hoy faltan trabajadores sociales y psicólogos, y no hay acompañantes terapéuticos del hospital para las personas internadas; entonces, aunque no todas accedan a una pensión (muchas ni siquiera tienen DNI), para afrontar su reconexión con el afuera se tienen que financiar un acompañante personal.

En Romero, la transición hacia un país sin manicomios va lento, pero hay algunos jirones de cambio. Por ejemplo, tres salas de la Dirección Asociada de Psiquiatría, que hoy dirige la psiquiatra Patricia Pauluc, ya están a cargo de profesionales que no son psiquiatras −dos trabajadores sociales y una psicóloga−. Por otro lado, una mesa permanente −creada por orden judicial− reúne a organizaciones políticas (el MDR, la CPM, el CELS) y representantes del hospital, del Poder Ejecutivo provincial, de curadurías y del ORL. Y también se estrenó un protocolo que pone patas para arriba la lógica de la circulación: ya no hay que autorizar a personas como Carmen sus salidas por el predio o por la ciudad, sino justificar cuándo −y por qué y por cuánto tiempo− no pueden salir.

Otro avance es que hay menos silencios: las y los pacientes, mezclados con trabajadores, dirimen en asambleas cuestiones de convivencia y condiciones de vida: desde qué perros castrar o admitir en las salas hasta cómo exigir comida digna; se empezó a poder hablar de la híper medicación y de los abusos sexuales intramuros; y van apareciendo nuevas preocupaciones: “En el Caper −advierte Maruelli− empezaron a consultar por incontinencia urinaria: cuando la gente empieza a andar en colectivo o a insertarse un poco más en la comunidad necesita no estar toda meada, porque sabe que eso de alguna manera lo aleja de otras personas. Los motivos de consulta clínicos están cambiando y eso tuvo que ver, para mí, con ubicar a las personas como sujetos de derechos”.

 ***

 La salida del manicomio está en la 175 y 520, una avenida partida por un bulevar gris donde camiones, motos y colectivos escupen humo a los vendedores en los semáforos. Es Romero, una de las localidades más pobladas de La Plata, llena de barrios, villas y quintas, que en 1884, cuando se inauguró el hospital, tenía poco más que una estación de ferrocarril. Ese mundo de ruido espera a quienes pasaron décadas aislados.

 −El cajero. El colectivo. La Sube. Los turnos por internet. Los trámites. A veces te piden que les conviertas la plata a australes… −enumera Camila Azzerboni, trabajadora social y militante del MDR−. Vos tenés que acompañar a la persona para que se haga una red, en principio, sabiendo que estamos en un momento re hostil de la sociedad… Pero acompañás a alguien a un trámite y si no resuelve enseguida una pregunta toda la cola ya está bufando. Una vez iba con un señor que iba juntando todas las colillas que encontraba y se las iba fumando. ¿¡Y de última, a quién le jode!? ¡Pero no se tolera ni eso! Las inmobiliarias −agrega− no quieren alquilarle a un loco o a un grupo de locos. Y un centro de jubilados de Romero adonde fuimos a proponer hacer talleres integradores tampoco quiere que vayan personas que viven en el hospital.




−¿Qué es el manicomio?
−El manicomio es el capitalismo extremo encarnado en una institución. Ellos no están acá porque sí… Hay todo un contexto que habilitó, habilita y va a seguir habilitando que esto exista. Y todo lo que pasa acá es lo que pasa afuera, aunque acá llega a un nivel de crudeza mayor… Hay que ser muy fuerte para soportar esto”.

De la 520 para adentro se abre un horizonte verde y calmo de belleza inusual, salpicado de árboles viejos y edificios heterogéneos, algunos en ruina, unidos por senderos de tierra y asfalto. En esta especie de pueblo rural todavía funciona un museo vivo de la segregación, donde muchos también practican la hazaña de la fraternidad.

(*) Durante la edición de esta nota, Ana se cayó y se quebró la cadera. Fue internada y operada en el hospital de Romero donde contrajo una neumonía intrahospitalaria. Murió el el 13 de julio, a los 79 años.













julio 11, 2017

Es fácil no hacer caso de la lluvia si se posee un impermeable.......

*-Joseph Arthur/The ballad of Boogie Christ Act I (USA 2013)-*

*-Joseph Arthur/The ballad of Boogie Christ Act II (USA 2013)-*


















junio 07, 2017

Vaciar por un lado la existencia y por el otro retomar el vacío de una libertad cristalina.....

La tara tóxica (x Antonin Artaud)

Evoco el mordisco de inexistencia y de imperceptibles cohabitaciones. Venid, psiquiatras, os llamo a la cabecera de este hombre abotagado pero que todavía respira. Reuníos con vuestros equipos de abominables mercaderías en torno de ese cuerpo extendido cuan largo es y acostado sobre vuestros sarcasmos.  No tiene salvación, os digo que está INTOXICADO, y harto de vuestros derrumbamientos de barreras, de vuestros fantasmas vacíos, de vuestros gorjeos de desollados. 
Está harto. Pisotead, pues, ese cuerpo vacío, ese cuerpo transparente que ha desafiado lo prohibido. Está MUERTO. Ha atravesado aquel infierno que le prometíais más allá de la licuefacción ósea, y de una extraña liberación espiritual que significaba para vosotros el mayor de todos los peligros. ¡Y he aquí que una maraña de nervios lo domina!
Ah medicina, aquí tenéis al hombre que ha TOCADO el peligro. Has triunfado, psiquiatra, has TRIUNFADO, pero él te sobrepasa. El hormigueo del sueño irrita sus miembros embotados. Un conjunto de voluntades adversas lo afloja, elevándose en él como bruscas murallas. El ciclo se derrumba estrepitosamente. ¿Qué siente? Ha dejado atrás el sentimiento de sí mismo. Se te escapa por miles y miles de aberturas. Crees haberlo atrapado y es libre. No te pertenece.
No te pertenece. DENOMINACIÓN. ¿Hacia dónde apunta tu pobre sensibilidad? ¿A devolverlo a las manos de su madre, a convertirlo en el canal, en el desaguadero de la más ínfima confraternidad mental posible, del común denominador consciente más pequeño?
                Puedes estar tranquilo: ÉL ES CONSCIENTE.
                Pero es el Consciente Máximo.
                Pero es el pedestal de un soplo que agobia tu cráneo de torpe demente pues él ha ganado por lo menos el hecho de haber derribado la Demencia. Y ahora, legiblemente, conscientemente, claramente, universalmente, ella sopla sobre tu castillo de mezquino delirio, te señala, temblorcillo atemorizado que retrocede delante de la Vida-Plena.
Pues flotar merced a miembros grandilocuentes, merced a gruesas manos de nadador, tener un corazón cuya claridades la medida del miedo, percibir la eternidad de un zumbido de insecto sobre el entarimado, entrever las mil y una comezones de la soledad nocturna, el perdón de hallarse abandonado, golpear contra murallas sin fin una cabeza que se entreabre y se rompe en llanto, extender sobre una mesa temblorosa un sexo inutilizable y completamente falseado, surgir al fin, surgir con la más temible de las cabezas frente a las mil abruptas rupturas de una existencia sin arraigo; vaciar por un lado la existencia y por el otro retomar el vacío de una libertad cristalina.
En el fondo, pues, de ese verbalismo tóxico, está el espasmo flotante de un cuerpo libre, de un cuerpo que retorna a sus orígenes, pues está clara la muralla de muerte cortada al ras y volcada. Porque así procede la muerte, mediante el hilo de una
angustia que el cuerpo no puede dejar de atravesar. La muralla bullente de la angustia exige primero un atroz encogimiento, un abandono primero de los órganos tal como puede soñarlo la desolación de un niño. A esa reunión de padres sube en un sueño la memoria, rostros de abuelos olvidados. Toda una reunión de razas humanas a las que pertenecen estos y los 0tros.
Primera aclaración de una rabia tóxica.
He aquí el extraño resplandor de los tóxicos que aplasta el espacio siniestramente familiar.
En la palpitación de la noche solitaria, aquí está ese rumor de hormigas que producen los descubrimientos, las revelaciones, las apariciones, aquí están esos grandes cuerpos varados que recobran viento y vuelo, aquí está el inmenso zarandeo de la Supervivencia. A esa convocatoria de cadáveres, el estupefaciente llega con su rostro sanioso. Disposiciones inmemoriales comienzan. La muerte tiene al principio el rostro de lo que no pudo ser. Una desolación soberana da la clave a esa multitud de sueños que sólo piden despertar. ¿Qué decís vosotros?
¡Y todavía pretendéis negar a importancia de esos Reinos, por los cuales apenas comienzo a marchar!

Publicado en "La Révolution Surréaliste", N° 11 (1928)
Versión de Aldo Pellegrini



*-Loop/Heaven's End (1987)-*

*-Loop/A Gilded Eternity (1990)-*















mayo 23, 2017

"A veces se llama violencia a la expulsión de energía con honor....." (C.B.)

El film basado en la vida del boxeador argentino Jose Maria Gatica, "el Mono", es quizá una de las mayores obras del cine argentino protagonizada por Edgardo Nieva, Horacio Taicher, Virginia Innocenti, Cecilia Cenci, Armando Capó, María Eva Gatica (hija del fallecido boxeador), Juan Costa y Miguel Fernández Alonso. Estrenada en 1993 y con un costo de 3,2 millones de dolares fue un suceso de publico, supero los 430 mil espectadores, y luego de ganar el Premio Goya en España fue seleccionada para representar a la Argentina en los Oscar en la categoría film extranjero, pero su director Leonardo Favio decidió retirarla de la competencia por diferencias que mantenía con las autoridades del INCAA (ente del cine argentino) de aquellos años a quienes exigía el mismo trato para los filmes nacionales que tenían los extranjeros. Hay que recordar que la película pudo llegar a distintas salas cuando el ex dueño del Diario Ámbito Financiero, Julio Ramos, contribuyo con dinero para que se pudieran hacer las copias y así ser estrenada en toda la Argentina. Luego de bajar la película de los Oscar, en sesiones extraordinarias el parlamento argentino sanciono la actual Ley de Cine. La prensa extranjera considero que Gatica, el Mono, no solo tenía todas las posibilidades de triunfar en la terna Mejor Film Extranjero en los Oscar, sino que además el guión junto a su director podrían haber sido nominados.La película tuvo distribución mundial y la crítica eligió a Favio como uno de los grandes directores de cine que ha dado el mercado de habla hispana. El tema musical central es Tanguera de Mariano Mores.....


Fuente:https://www.youtube.com/watch?v=u9Q4ZcIXX94


















mayo 05, 2017

El cuarto es una umbría; levemente se oye el bisbiseo triste y suave de dos niños. Sus cabezas se inclinan, llenas aún de sueños bajo al blanco dosel que tiembla, al ser alzado. En la calle, los pájaros, se apiñan, frioleros: bajo el gris de los cielos, sus alas se entumecen; y envuelto en su cortejo de bruma, el Año Nuevo, arrastrando los pliegues de su manto de nieves, sonríe entre sollozos, y canta estremecido… II Mientras tanto, los niños, bajo el dosel flotante, hablan bajito como en las noches oscuras. Escuchan, a lo lejos, algo como un murmullo… y tiemblan al oír la voz clara y dorada del timbre matinal que lanza y lanza aún su estribillo metálico bajo el globo de vidrio… -Pero el cuarto está helado… podemos ver, tiradas en el suelo, las prendas de luto, en tomo al lecho: ¡el cierzo, áspero y crudo, gimiendo en el umbral invade con su aliento mohíno la morada! Sentimos que algo falta, en la casa, en los niños… ¿Ya no existe una madre para estos pequeños, una madre con risa fresca y mirada airosa? ¿Se ha olvidado, de noche, sola y casi dormida de encender esa llama que la ceniza esconde, de echar sobre sus cuerpos el plumón y la lana, pidiéndoles perdón, antes de abandonarlos? ¿No ha previsto que el frío hiere la madrugada, que el cierzo del invierno acecha en el umbral? -¡La esperanza materna, es la cálida alfombra, es el nido mullido, en el que los chiquillos, cual pájaros hermosos que acunan el follaje duermen, acurrucados, sus dulces sueños blancos!… -Pero éste es como un nido, sin plumas, sin tibieza, en el que los pequeños tienen frío y no duermen, miedosos, sólo un nido que el cierzo ha congelado… III Ya lo habéis comprendido: es que no tienen madre ¡Sin madre está el hogar! -y ¡qué lejos el padre!… Una vieja criada se está ocupando de ellos; y en la casona helada, los niños están solos. Huérfanos de cuatro años… de pronto en su cabeza se despierta, riendo, un recuerdo que asciende: algo como un rosario desgranado al rezar . -¡Mañana deslumbrante, mañana de aguinaldos! cada uno, de noche, soñaba con los suyos, en un extraño sueño, poblado de juguetes dulces vestidos de oro, joyas resplandecientes, bailando en torbellinos una danza sonora, bajo el dosel ocultos, y, luego, desvelados. Se despertaban pronto y, alegres, se marchaban, con los labios golosos, frotándose los párpados, y el pelo alborotado en tomo a la cabeza, con los ojos brillantes de los días festivos, rozando con las plantas desnudas la tarima, a la alcoba paterna: llamaban despacito… ¡entraban!… y en pijama… ¡todo eran parabienes, besos como en guirnaldas y libre algarabía! IV ¡Tenían tanto encanto las palabras ya dichas! -Pero cómo ha cambiado la casa de otros tiempos : El fuego chispeaba, claro, en la chimenea, alumbrando a raudales el viejo cuarto oscuro; y los rojos reflejos lanzados por las llamas jugaban en rodales por los muebles lacados… -¡Cerrado y sin su llave estaba el gran armario! Muchas veces, miraban la puerta parda y negra… ¡sin llave!… ¿no es extraño?… y soñaban, mirando, en todos los misterios dormidos en su seno, creyendo oír, lejano, en el ojo entreabierto, un ruido hondo y confuso, como alegre susurro… -La alcoba de los padres, hoy está tan vacía: ningún rojo reflejo brilla bajo la puerta; ya no hay padres, ni fuego, ni llaves sustraídas; ¡así pues, ya no hay besos ni agradables sorpresas! Qué triste les va a ser el día de Año Nuevo. -Y, absortos, mientras cae del azul de sus ojos, lentamente, en silencio, una lágrima amarga, murmuran: «¿Cuándo, ¡ay!, volverá nuestra madre?» ……………………………………………………………………………………. Ahora, los pequeños duermen tan tristemente que al verlos pensaríais que lloran mientras duermen, con los ojos hinchados y el soplo jadeante. ¡Los niños pequeñitos son seres tan sensibles! Pero el ángel que vela junto a las cunas llega para secar sus ojos, y de esta pesadilla nace un alegre sueño, un sueño tan alegre que sus labios cerrados piensan, al sonreír… -Y sueñan que, apoyados en sus brazos llenitos, igual que al despertarse, adelantan su cara mirando en derredor con mirar distraído, creyéndose dormidos en paraísos rosas. Canta en la chimenea alegremente el fuego… un cielo azul y hermoso entra por la ventana; el mundo se despierta y se embriaga de luces… y la tierra, desnuda, y alegre, al revivir, tiembla henchida de gozo con los besos del sol… y en el caserón viejo todo es tibio y rojizo : los vestidos oscuros ya no cubren en el suelo, el cierzo ya no grita, dormido en el umbral… ¡Diríase que un hada ha invadido las cosas! -Los niños han gritado, alegres… allí, mira… unto al lecho materno, en un fulgor rosado, allí, sobre la alfombra, un objeto destella… Son unos medallones de plata, blancos, negros, de nácar y azabache, con luces rutilantes: son dos marquitos negros con un festón de vidrio, y en letras de oro brilla un grito: «A NUESTRA MADRE» (El Aguinaldo de los huérfanos por Arthur Rimbaud)

*-Tanguito/Tango - Yo soy Ramses (Argentina 1967)-* 


*-Tanguito/Tango (Argentina 1973)-*







abril 23, 2017

La vida después de Guantánamo (Documental/ Universidad Nacional de San Martín/ Argentina)......

Jihad Diyab estuvo casi 13 años en uno de los peores lugares del mundo para ser musulmán: Guantánamo, el campo de detención estadounidense de alta seguridad para acusados de terrorismo. En 2014, por un acuerdo entre José Mujica y Barack Obama, llegó a Uruguay junto a otros 5 ex detenidos.......




Fuente:http://www.revistaanfibia.com/cronica/la-vida-despues-guantanamo/



















abril 16, 2017

En la horca negra bailan, amable manco, bailan los paladines, los descarnados danzarines del diablo; danzan que danzan sin fin los esqueletos de Saladín. ¡Monseñor Belzebú tira de la corbata de sus títeres negros, que al cielo gesticulan, y al darles en la frente un buen zapatillazo les obliga a bailar ritmos de Villancico! Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles: como un órgano negro, los pechos horadados , que antaño damiselas gentiles abrazaban, se rozan y entrechocan, en espantoso amor. ¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza , trenzad vuestras cabriolas pues el tablao es amplio, ¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla! ¡Furioso, Belzebú rasga sus violines! ¡Rudos talones; nunca su sandalia se gasta! Todos se han despojado de su sayo de piel: lo que queda no asusta y se ve sin escándalo. En sus cráneos, la nieve ha puesto un blanco gorro. El cuervo es la cimera de estas cabezas rotas; cuelga un jirón de carne de su flaca barbilla: parecen, cuando giran en sombrías refriegas, rígidos paladines, con bardas de cartón. ¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos! ¡y la horca negra muge cual órgano de hierro! y responden los lobos desde bosques morados: rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno... ¡Zarandéame a estos fúnebres capitanes que desgranan, ladinos, con largos dedos rotos, un rosario de amor por sus pálidas vértebras: ¡difuntos, que no estamos aquí en un monasterio! . Y de pronto, en el centro de esta danza macabra brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto, llevado por el ímpetu, cual corcel se encabrita y, al sentir en el cuello la cuerda tiesa aún, crispa sus cortos dedos contra un fémur que cruje con gritos que recuerdan atroces carcajadas, y, como un saltimbanqui se agita en su caseta, vuelve a iniciar su baile al son de la osamenta. En la horca negra bailan, amable manco, bailan los paladines, los descarnados danzarines del diablo; danzan que danzan sin fin los esqueletos de Saladín....(El baile de los ahorcados x Arthur Rimbaud)

*-Alan Vega (NY-1938/2016)-* 











abril 05, 2017

Macri, Viviani y las “mafias” sindicales......

(Argentina 5 de Abril del 2017)

En las vísperas del 6 de abril, el gobierno argentino ha multiplicado sus ataques contra el paro general....




Se vale del desprestigio de la burocracia sindical para montar un escenario artificial de “polarización”. En tono belicoso, Macri prometió en un acto en la Casa Rosada que “le vamos a sacar el poder a cada uno de esos mafiosos” (La Nación, 4/4), en referencia a las direcciones sindicales. Un día después lo siguió su ministra de seguridad, Patricia Bullrich, quien sostuvo que “el paro es totalmente inexplicable” y que “los sindicalistas hace años que no laburan”.

Sin embargo, el gobierno pacta con las "mafias sindicales" todos los días.

Con el burócrata petrolero, Guillermo Pereyra, reventó el convenio colectivo con la agenda flexibilizadora de Vaca Muerta. Peyera integró la comitiva oficial que viajó a España, como recompensa por los servicios brindados. Con la “mafia” del Smata, avanza en el mismo sentido, para liquidar los convenios de los obreros automotrices. A la “mafia” de Roberto Fernández, de la UTA, le obsequió la quita de la personería gremial al legítimo sindicato de los trabajadores del subte, la AGTSyP.

Con la “mafia” de Armando Cavalieri –más de 30 años atornillado al frente del sindicato de comercio– cerró una paritaria del 20 por ciento en cuotas para un millón y medio de trabajadores. Y hace apenas 48 horas, Macri lanzó un plan de construcción de viviendas rodeado de empresarios y por Gerardo Martínez, de la UOCRA, que llegó a secretario general de su gremio sin haber tocado jamás un ladrillo: ingresó como buchón de la dictadura militar y se hizo camino apoyado en patotas criminales de la peor calaña.

Los medios de comunicación oficialistas se hicieron eco hasta el hartazgo de las declaraciones de Omar Viviani, el secretario general del Sindicato de Peones de Taxi, quien en una arenga llamó a "darle vuelta los coches" a aquellos "carneros" que no paren.

La bravuconada de Viviani hay que tomarla como de quien viene: como recordó un columnista político, Viviani no hace un paro desde 2002. Su organización hace mucho tiempo que dejó de representar a los peones de taxi, quienes se ven obligados a trabajar jornadas de 12 o 14 horas para subsistir, sino a los dueños de los vehículos. A él mismo se la imputado la propiedad –vía testaferros– de una flota de más de 200 taxis.

Macri tiene la certeza de que este paro no será el puntapié de ningún plan de lucha de la CGT. Sus triunviros fueron claros al respecto: un paro dominguero para desahogar la bronca.

La verdadera polarización del gobierno no es con la burocracia sindical. Sus diatribas apuntan al movimiento obrero que lucha contra el ajuste –a la huelga docente, la ocupación de AGR, de Textil Neuquén, la lucha contra los despidos en General Motors– después de un marzo recargado de luchas.

Los funcionarios quieren aprovechar el exabrupto de Viviani para justificar un despliegue represivo contra los piquetes que convocan el sindicalismo combativo y la izquierda. Cuando la inefable Patricia Bullrich le recuerda a la burocracia “el gran problema del sindicalismo peronista tradicional fue siempre la izquierda” y los acusa de haberse dejado “correr” por ella, está convocando a los Pedraza de ayer y hoy a tomar en sus manos la persecución del activismo.

Para llevar a la victoria estas luchas y derrotar el ajuste de Macri y los gobernadores, vamos con el Sutna, los docentes y todo el sindicalismo combativo a hacer activo el paro del 6.

Fuente: http://www.po.org.ar/prensaObrera/online/politicas/macri-viviani-y-las-mafias-sindicales






*-Las Plantas de Shiva/Días de Sol (Argentina 2001)-*










marzo 24, 2017

Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada. En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales. Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%12 prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron. Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la "racionalización". Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo, el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe. Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar "el país", han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia. Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar..... (R.W.)

*-MARZO DEL 76 - SEÑORA TENEMOS A SUS HIJOS (Argentina 2004)-*