septiembre 01, 2014

CHARLES BUKOWSKI, CARTAS DE UN VIEJO INDECENTE & OTROS......


A John William Corrington, 17 de noviembre de 1961.

Soy un blando. no puedo hacerlo. estaba dando vueltas en auto con mi chica y era domingo y yo buscaba un lugar para comprar cerveza y vimos un cartel, POLLOS, y ella dijo, oh, compremos un pollo, vamos a cocinar un rico pollo, y yo dije claro, y paramos ahí y tenían pollos muy buenos, sólo que caminaban y tenían plumas blancas, había 60 o 70 y, cuando entré, un par de ellos se cagaron y otro me miraba guiñandome el ojo. me detuve en el mostrador y el tipo dijo lindos pollos, ¿no? pegué media vuelta, salí y mi chica dijo dónde está el pollo, y le respondí qué mierda, todos parecían enfermos, no podías saber lo que te estabas llevando con todas esas plumas, y ella dijo pero es fácil, pálpalos con los dedos y mírales los ojos. Agarré un pollo de ojos limpios. Los pollos son como la gente, si los ojos no están limpios es que algo anda mal.
¿Cómo los matas?, le pregunté.
Mi padre les retorcía el cogote, ¡WHIRRR, ZIP!!!
Comamos un sandwich de banana, dije.
Me acuerdo del matadero, allí por donde dobla el tranvía, los pisos estaban grasientos de sangre, verdes, la sangre tiene un olor especial que no se va nunca y no hay nada más difícil de quitar que una mancha de sangre, la sangre es vida, y la muerte llegaba minuto a minuto pero, a diferencia de los doctores y las enfermeras del hospital del condado de Los Ángeles, yo nunca me pude acostumbrar. y no tenía auto. Había que subirse al tranvía y la gente olía la sangre sobre mí y me miraba, me miraba, y después llegaba a casa y me comía un churrasco. Y no estoy a favor de los vegetarianos, quienes quizá sean demasiado blandos para la fórmula en que fuimos concebidos. Yo como carne, pero no quiero ver cómo la consiguen nunca más, nunca más quiero oír ese sonido. Cuando la vida cambia a muerte, en ese pequeño instante algo se rompe en tu cabeza, y ya no puede ser reconstruido. Tampoco cazar ciervos, pibe. Me pondría enfermo atar el cadáver en el baúl. Tipos como Hemingway deben pensar que soy puto.
Una vez me contaron una historia divertida. Me la dijo un tipo que hacía terapia de grupo. Tocaba no sé qué instrumento en la orquesta sinfónica, pero andaba como yo, sin hacer nada. Bueno, él fue a visitar a un tipo. El tipo le dijo ven, te voy a mostrar algo. Tengo 2 pollos. Así ahorras plata. Compras los pollitos y los criás. Ay ¿cómo los matas?, preguntó mi amigo. El tipo no sabía cómo matarlos. Agarró un martillo y largó los pollos en el patio, tratando de matar los dos a la vez. fue un desastre. Los pollos no se morían. Y el tipo les pegaba con el martillo. El ruido, la sangre, un ojo colgando del nervio, el pico hundido en la cabeza y el pollo seguía corriendo, y mientras el martillo subía y bajaba, el otro pollo estaba quieto, esperando. Al final, mi amigo, piadoso, se puso mal. y empezó a dar instrucciones y al cabo de un rato el trabajo concluyó. El tipo agarró los dos pollos y los tiró a la basura. Su novia lo abandonó y nunca más le habló, y tampoco le habló al que había dado las instrucciones.

Charles Bukowski.




A Jon y Louis Webb, 26 de marzo de 1963.

Si piensan que la entrevista que me hizo Kaye estuvo dura, tendrían que haber escuchado después... cuando los dos nos habíamos entonado un poco:
K: "Escuchame, si el mundo fuera a terminar en 15 minutos, ¿Qué harías? ¿Qué le dirías a la gente?"
B: "No les diría nada".
K: "¡MIRA, no estas cooperando! ¡Si el mundo se terminara en 15 minutos, quiero saber qué harías!"
B: "Me tiraría a descansar un rato, como ahora".
K: "¡Pero qué le dirías a la gente, hombre, LA GENTE!"
B: "Que lleven monedas para el colectivo".
Y lo más raro de todo es que si tú les dices la verdad, creen que no estás cooperando.

Charles Bukowski.



A Ann Bauman, 2 de Mayo de 1963.

Estoy escribiendo esto después de nuestra conversación telefónica, y tú no tienes plata, y deberías tener, y sin embargo también hace bien no tener, fuiste un sonido desde la oscuridad, y te amo por eso, hay algo bueno en tí, puede que no lo sepas, pero existe, y olvídate de todas las comas y de esta charla estilo libre... es tan raro escuchar un sonido en la locura. No me siento cómodo hablando por teléfono. No me siento cómodo hablando. Aunque digo cosas pequeñas y tontas, es sólo por vergüenza y carencia de habilidad y de corazón y por todas las carencias que me impiden expresar lo que quisiera, y cuando cuelgo el teléfono siempre siento que fracasé. No un fracaso ordinario, sino un fracaso que afecta a todo: a mí mismo, a vos, a nuestra próxima mañana, a todas las maneras en que se enrosca el humo. Ann, creo que tienes que saber esto: no soy básicamente un poeta, odio a los putos poetas que se complican la vida contra el mundo quejoso, y los poetas son malos, y el mundo es malo, ¡y nosotros estamos acá!, sí. Lo que quiero decir es que la poesía, la que yo escribo, es sólo una décima parte de mí. Las otras nueve partes están asomadas a un acantilado sobre el mar escupiendo maldiciones baratas. Me gustaría sufrir a la manera clásica y tallar un mármol que dure siglos después de este perro que escucho tras mi ventana de 1963, pero estoy maldecido y bofeteado y malgastado hasta la nulidad en mis brazos y ojos y dedos y esta carta esta noche, 1 o 2 de mayo de 1963, luego de escuchar tu voz en el teléfono.
Merezco morir. espero la muerte como a un halcón engalanado que con su pico, su canto y sus púas busca mi sangre enjaulada. Suena lindo, pero no lo es. La poesía que es parte de mí, la realidad aparente, lo que escribo, es bosta y basura y saliva y viejas naves de combate que se hunden. Sé que cuando el mundo -que es barato y sin clase ¿y qué más? ¿qué más?- olvidé la poca poesía que escribí, no será del todo culpa del mundo, porque yo no pienso en escribir, y sólo el filo del cuchillo, con el que unto la manteca o corto la cebolla, tiene un poco de práctica en los versos de mi mente.
No sabes lo importante que fue tu llamada para mí, aunque te debo haber parecido torpe y atolondrado y estúpido, pero me gustaría que no me volvieras a llamar porque sé cómo te están yendo las cosas (no muy bien) y no quiero que la poca buena gente del mundo sea herida por Bukowski el vomitador. Todo esta bien ahora, pero yo no sé si vendrá o cuando vendrá el próximo ataque, lo cual es un punto de vista cobarde, y todos los hombres son cobardes al ahogarse, escúchalos gritar, ¿y qué es la vida? ¿qué? hundiéndose en el agua, y no es la falta de aire y luz y pulmones y ojos y amor lo que cuenta: es esta picazón que pusieron en nosotros y que nos hace preguntarnos por qué carajo estamos acá; por esas pocas cosas. Como una llamada desde Sacramento a las 7.30 de la noche. No sé, no sé, y eso es tan triste. Si las cosas se arreglaran con mi llanto, todos nos ahogaríamos en mis lágrimas enfermas.
Pero no sé qué hacer. Tomo demasiado. O no lo suficiente. Hago apuestas. Hago el amor con mujeres que sólo viven dentro de sus cuerpos y miro los copos de sus ojos y sé que les miento y que me miento porque no soy más que un perro, y el amor o su acto deberían contener algo más que dos pedazos de carne friéndose en una sartén o todo está perdido como pasto del jardín o caracoles pisados y aplastados, abandonados a una suerte de viscosidad viviente, a una vida triturada para siempre. 
Este asunto de la poesía es el peor de esos pisotones. Te debilita. y si un hombre ya es débil antes de escribir poesía, entonces se convierte, finalmente, a través de los golpes de sombras y quejas, en lo que es: sólo otro muchachito rosado que hace su puto trabajo de la manera más frágil y vomitiva.
Tienes que entender que hay otros modos de enfrentar la vida que no son la máquina de escribir. Quienes lo hicieron así quizá no sean el mejor ejemplo. Nunca tomes al Arte como un espejo sagrado. Lo justo siempre es poco, y eso incluye a todos los siglos. Los países más honorables no sobreviven por coraje, ni las épocas sobreviven a los buenos artistas. Todo es azar y mierda y el golpe de los vientos. Por favor perdóname las malas palabras. Si hay algo que odio es una palabra vil dicha vilmente o un chiste verde o el sexo y la vida de un hombre y una mujer que quieren la cosa así como está. Quizás yo esté perfectamente loco y tú deberías saberlo (una nota más sombría con chillidos dorados) y no tengo intenciones de agarrarmelas con tus obras de teatro... algunas están bien... Racine, etc., y uno sólo se puede reír de eso cuando no da o intenta, y yo digo adelante: versos o llamadas telefónicas o tarjetas de crédito o muerte o amor o enormes balnearios en playas de sonido y golpes y momentos de medianoche, te agradezco por seguir y yo, también, mientras tanto, sigo un poquito más.

P.D.: No me odies por sentir más de lo (quizás) necesario. Puede que sea mejor que las ranas perdidas y el aire quemado de nylon y neón... puede que sea mejor que nos convirtamos en criaturas de gestos en vez de realidad, y el matrimonio es una realidad de la vida y muy pocos de nosotros pueden soportar el matrimonio o la realidad o la vida.

Charles Bukowski.



A John William Corrington, 28 de agosto de 1963.

Bueno, ya hicieron la marcha por la libertad hoy en la capital. Muy lindo. Aunque yo prefiero una libertad negra y BLANCA. Algún día van a descubrir que, blanco o negro, igual no puedes conseguir trabajo. Y cuando votas, cualquier partido, cualquier hombre puede ser malo. Y van a descubrir que el agua tiene el mismo sabor, pero no se puede culpar a un hombre por buscar las pequeñas cosas. Quieren entrar en cualquier iglesia; yo no quiero entrar a la iglesia. Quieren votar; yo no quiero votar. Quieren vivir donde vive el hombre blanco; me importa un carajo dónde vivo. Quieren iguales derechos, es decir, los derechos que se supone que yo tengo, y éstos son tan pequeños, tan insignificantes en la vida cotidiana que los escupo. Una cosa son los derechos de los que se habla y otra lo que  efectivamente sucede. Un hombre nunca saldrá adelante con la maquinaria del Estado. Un hombre sale adelante con sus huesos, su mente y sus propias Leyes. Los grandes hombres no esperan nada del Estado. Lo ignoran o crean el propio que satisfaga sus pasiones. Así que lo de hoy en Washington, la marcha de la libertad, el progreso del hombre, todo ese espíritu, que, aparenta mucho pero no es nada, y camina en su tranquila viscosidad ahogandose mientras se examina a sí mismo.

Charles Bukowski.




A Douglas Blazek, 22 de marzo de 1966.

Los envenenadores de perros son legión, actúan furtivamente, y rara vez los atrapan. Como si no tuviéramos suficiente muerte, ellos juegan sucio con lo poco que hay. ¿Y me querían mandar a la GUERRA para salvar a tipos como esos? los envenenadores de perros por lo general son antiguos vecinos del barrio, respetables, religiosos, propietarios, y a menudo sin hijos o con hijos que han crecido y no quieren verlos más. Los envenenadores de perros suelen andar entre los 55 y los 70. La mayoría de ellos amaba a los animales de chicos, pero la sociedad Americana y lo que ella extrae del cuerpo, la mente y el alma puede producir monstruos muy especiales. Casi todos están preocupados por la propiedad y los "derechos de la propiedad" como ellos los llaman. Y como no tienen otra cosa que abrazar, su mundo se reduce a eso. No hace mucho hubo un doctor por acá que aporreó un cachorro hasta matarlo con el mango de su pistola. Ni siquiera era un perro adulto. Y lo hizo abiertamente, en su jardín, con los chicos y la gente mirando. (Yo no estaba ahí). Su excusa fue que el cachorro no tenía derechos en su propiedad. Siendo médico y alimentado con la adoración de la gente hacia los médicos y con sus U$, resultaba más atrevido y estúpido que sus hermanos mataperros. El caso fue a los tribunales, pero no sé cómo terminó. No lo publicaron o me perdí esa edición. Probablemente fue absuelto o lo multaron con U$15. La propiedad, la propiedad. yo tuve un lindo perro una vez (mitad lobo, mitad collie, pero amable, amable). Un día lo estaba paseando y él se paró a mear sobre una planta que estaba enfrente de una inmobiliaria en Beverly Boulevard. yo lo había entrenado para que lo hiciera en los baldíos, pero él meó en la planta. Y salió el tipo de la inmobiliaria gritandome: "¡HEY, SACA ESE PERRO DE AHI! ¡HEY, HEY, HEY! ¡EL PIS ES VENENO, MEO MI PLANTA!" podías oírlo gritar desde Bensenville, Illinois. Yo lo miré, miré su cara ¡ácida y sus ojos y su cuerpo colgando ahí. "No controlo el pis de mi perro", le dije con tranquilidad. "¡Bueno, que mee en otro lado, sácalo!" no me moví. El perro o yo, cualquiera de los dos podría haberlo matado. "Tu arbolito de mierda no se va a morir", le dije. "Y si se muere, te lo pago". "¡¡Saca ese perro de acá!!" nos quedamos parados hasta que se fue otra vez adentro a contar sus pedacitos de ganancia. A veces pienso que esos tipos casi saben que están muertos, que son feos, que están gastados, y no quieren ver a nada ni a nadie feliz y despreocupado; ni siquiera pueden ver a nadie infeliz, del modo en que nosotros somos infelices. Hay que hacerlo a su manera. Un auto atropelló a mi perro después de mi última separación. Le había dejado el perro a ella. Los animalitos domésticos casi nunca mueren de viejos.
¡Cómo odio este puto mundo y sus modos y sus valores! Blaz, te vas a recuperar del perro (los perros) muerto, pero no de aquello que lo mata: la bandera Americana. El dinero. La propiedad. Los habitantes muertos de ciudades de horror, locura y miedo. Cristo, cristo.

Charles Bukowski.



A Marina Bukowski, 16 de Septiembre de 1969.

Hola Marinita: es tan lindo escuchar tu voz cada vez que me llamas. Tienes la voz más bella del mundo. Muchas gracias por llamarme. Me siento bien durante días y días después de hablar contigo. Y pienso que te voy a ver de nuevo y eso me hace andar. A veces cuando me enfermo pienso en tí y me pongo bien. POR FAVOR TEN MUCHO CUIDADO AL CRUZAR LA CALLE. MIRA PARA LOS DOS LADOS. Pienso en tí todo el tiempo y te amo más que al cielo o a las montañas o al mar o a nada ni nadie. Por favor portate bien y sé feliz y no te preocupes por mí. con todo mi amor, mi pequeña, Hank.

Charles Bukowski.





A John William Corrington, 17 de Enero 17 de 1961.

Hola, Sr. Corrington:
Bien, a veces ayuda recibir cartas como la tuya. Ya son dos. Un joven de San Francisco esccribió diciéndome que algún día habrá quien escriba libros acerca de mí, si esto podrá ayudar en algo. Bueno, no estoy en busca de ayuda, o praise tampoco, y no estoy tratando de ser pesado. Pero yo solía jugar un juego conmigo mismo un juego llamado isla desierta, y mientras estaba tirado en la cárcel, en la clase de arte o caminando hacia la ventanilla de diez dólares en las carreras, me preguntaba, Bukowski, si tú estuvieras en una isla desierta, tú solo, y nunca ser encontrado exepto por  pájaros y gusanos, ¿tomarías una vara y rascarías palabras sobre la arena? Yo tenía que decir no, y por un rato esto resolvía un montón de cosas, y me dejaba seguir adelante y hacer un montón de cosas que yo no quería hacer, y me alejaba de la máquina de escribir y me ponía en el pabellón de caridad del hospital municipal, la sangre corriendo fuera de mis oídos, de mi boca y de mi culo, y ellos ahí esperando a que yo muriese, pero nada pasaba. Y cuando salía me preguntaba otra vez, Bukowski, si estuvieras en una isla desierta y etc; y sabes pienso que era que la sangre había abandonado mi cerebro, o algo, y yo decía ,sí, sí, yo tomaría una vara y rascaría palabras sobre la arena. Bueno, esto solucionaba  un montón de cosas porque me permitía seguir adelante y hacer las cosas, todas las cosas que no quería hacer, y me dejaba tener la máquina de escribir también; y desde que ellos me dijeron que un trago más me mataría, ahora le he bajado a dos galones de cerveza al día.
Pero la escritura, por supuesto. cómo el matrimonio, la caída de la nieve o las llantas de los autos, no siempre perdura. Tú puedes ir a la cama el miércoles en la noche siendo un escritor  y despertar el jueves por la mañana y ser otra cosa totalmente diferente. O puedes irte a la cama  el miércoles por la noche siendo un plomero y despertar  el jueves por la mañana siendo un escritor. Éste es el mejor tipo de escritores… Muchos de ellos mueren. claro. por sus arduos intentos; o por otro lado, porque se vuelven famosos y todo lo que escriben es publicado y ya no tienen que buscar más. La muerte tiene muchas avenidas. y si a pesar de todo tú dices que mi material te gusta, quiero que sepas que si se vuelve rotó, no será porque trate demasiado duro o muy poco, sera porque me quedado, o sin  cervezas o sin sangre.
Para lo que sirva, puedo permitirme esperar: Tengo mi vara y tengo mi arena.

Charles Bukowski.