*-Don Lunfardo y el Señor Otario (La Plata, Argentina, Suramérica)-*
agosto 31, 2018
"Una cosa es la disciplina y otra cosa es la soberanía. No es que la guerra sea la continuación de la política por otros medios, sino que la política es la guerra librada por otros medios. La ley no nace de la naturaleza, junto a los manantiales que frecuentan los primeros pastores; la ley nace de las batallas reales, de las victorias, las masacres, las conquistas que tienen su fecha y sus héroes de horror......“ (M.F)
agosto 28, 2018
Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos.....(E.C)
*-Pyramides/EP (2014 Argentina, Suramérica)-*
*-Pyramides/Vacíos y Variables (2017 Argentina, Suramérica)-*
#Link: https://pyramides.bandcamp.com
agosto 16, 2018
SÍNTOMAS DE LA CRISIS......(Argentina, Suramérica 2018)
Cerró la planta de Adidas en Esteban Echeverría: despidió a todo el personal.....
Fuente:http://www.iprofesional.com
En su época de esplendor empleó a 660 trabajadores. En los últimos dos años había ido destruyendo puestos de trabajo. Ahora cerró definitivamente...
Una nueva planta cerró sus puertas. Se trata de Extreme Gear de Esteban Echeverría. Como sucede en estos casos, dejó en la calle a los trabajadores que formaban parte de la empresa, dedicada a la confección de zapatillas, que luego eran compradas por Adidas.
El presidente de la planta, Emanuel Fernández, lamentó que deba abandonar la producción y alertó que las compañías “importan los productos terminados”, publicó infogremiales.com.ar.
“La verdad que los trabajadores no estaban tranquilos, estaban tristes, porque saben que no van a poder conseguir trabajo en otro lugar”, afirmó Fernández, quien contó que fueron a una audiencia al Ministerio de Trabajo, pero que no tuvieron una respuesta a su reclamo.
El miércoles, los trabajadores de la planta finalizaron su turno y se retiraron con la certeza de que no podrán volver a la planta.
Crónica de un cierre anunciado
La firma Extreme Gear se fue desguazando en etapas.
Primero echaron a algunos trabajadores por la merma en el consumo. Luego despidieron a más de 500 empleados, hace dos meses. Y ahora cerraron la planta con el despido de los restantes 47 obreros.
“Para mí es muy triste, porque nosotros invertimos más de u$s15 millones”, explicó Fernández. La planta había sido instalada en 2011 cuando se redujo la posibilidad de importar y las empresas estuvieron obligadas a fabricar en la Argentina.
Fernández explicó que en noviembre pasado también debió cerrar una planta que tenía en Lanús, donde fabricaba la suela de zapatillas para running.
En total fueron 120 los despedidos en aquella fábrica de la zona sur del Conurbano Bonarense.
agosto 03, 2018
agosto 02, 2018
¡Muerte al Estado, que viva la Anarquía!
Fuente: https://periodicogatonegro.wordpress.com
Una de nuestras frases favoritas dice así: “¡Muerte al Estado, que viva la Anarquía!” Frase corta pero profunda, como casi todas las buenas frases. Que sea corta hace que sea fácil de recordar y reproducir. Pero a veces sucede que las frases se quedan cortas, y no llegan a expresar todo su contenido o su implicancia[1], volviéndolas superficiales. El texto que sigue contiene unas reflexiones básicas respecto a nuestra lucha como anarquistas. Como siempre, no buscan bajar línea, sino sumar al debate intentando afilar nuestras ideas y por ende, nuestras prácticas. Nuestros textos, al igual que nuestras prácticas, no buscan ser cerrados, sino al contrario, son diálogos e incluso invitaciones. Queremos que nos respondan, queremos debatir ideas y profundizarlas, sin separarlas nunca de lxs cuerpxs que las expresan.
Bien, decíamos: “¡Muerte al Estado, que viva la Anarquía!” Cuando lxs rojxs y lxs peronistas escuchan esa frase, lo primero que nos dicen es “pequeñxs burgueses”. ¿Por qué?, porque según ellos, hablar de libertad individual es de burgués, ya que la proletaria tiene que poner el bien común -identificados por ellxs como el Estado- antes que su individualidad. “¿Cómo pueden lxs anarquistas querer, al igual que los burgueses, la destrucción del Estado?” dicen escandalizados y henchidos de un espíritu “patrio” o “trabajador”. Como siempre, las diferentes posturas radican en la posición que se tiene frente a las relaciones de Poder. La mayoría -por no decir todas- de las filosofías occidentales no quieren la libertad, sino que todo lo contrario: le temen, y consideran a la autoridad, el Poder, la jerarquía, líderes, jefes, leyes, jueces, castigos, etc., y todas esas cosas que solamente se justifican abstractamente en nombre de Dios, la Historia, el Progreso, la Moral, las leyes, la Opinión Pública, el Orden, etc., como necesarias e inevitables. “¡Qué se le va a hacer!” nos dicen, “Hay que ser realistas, si no hay nadie que gobierna, esto es un desastre”. Y buen, habrá que entenderles, al fin y al cabo, sus filosofías son profundamente occidentales[2]. Para Marx, “La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario”[3], evidenciando así su amor por la eficiencia y el progreso tecnológico del Estado capitalista. Las raíces occidentales del marxismo se logran entender mejor si lo acompañamos de esta otra cita:
¿O acaso es una desgracia que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?; ¿lo es que los enérgicos yanquis, mediante la rápida explotación de las minas de oro que existen allí, aumenten los medios de circulación, concentren en la costa más apropiada de ese apacible océano, en pocos años, una densa población y un activo comercio, creen grandes ciudades, establezcan líneas de barcos de vapor, tiendan un ferrocarril desde Nueva York a San Francisco, abran en realidad por primera vez el Océano Pacífico a la civilización y, por tercera vez en la historia, impriman una nueva orientación al comercio mundial? La “independencia” de algunos españoles en California y Tejas sufrirá con ello, tal vez; la “justicia” y otros principios morales quizás sean vulnerados aquí y allá, ¿pero, qué importa esto frente a tales hechos histórico-universales?[4].
No por algo el “sujeto revolucionario”, según ellxs, eran lxs proletarixs que engendrarían la industrialización burguesa. Querían que ésta se expandiese por todo el globo, porque así estábamos avanzando en el sentido correcto de la Historia. Su Dios es la Historia, el Progreso, el Estado que encarna dicho Progreso, y lxs individuxs no pueden más que someterse a esa necesidad histórica. ¿Pero cómo hablar de libertad luego de eso? ¿Acaso somos meramente esclavos de la Historia? ¿Acaso no existe la libertad? En el caso de los peronistas, dejemos que Juan Pablo Feinmann lo explique:
¿Qué es entonces la Lealtad? Es aquello que liga a todos con Dios. La Lealtad es en el peronismo, lo que la Fe es en la religión (…) Todos tienen que ser leales al conductor. El conductor, en exterioridad, otorga unión, armonía a un movimiento en sí caótico. La Lealtad es la argamasa que estructura al movimiento, que lo torna uno”[5].
Como podemos ver, ambas filosofías son arborescentes, ascendentes, jerárquicas. Una basada en el Progreso, la Historia, y por ende en la vanguardia iluminada que “la va a saber interpretar”, y la otra en Dios o su representante en la Tierra, el/la Conductor/a del Movimiento.[6] El individuo es, para ellxs, meramente una cosa que debe sacrificarse por el progreso unidireccional de la Historia (preferentemente occidental). Chorrean esclavitud por todos lados.
Bajo estos puntos de vista, toda ausencia de gobierno equivale a una falta de orden, a un caos, al desorden y por ende -les encanta decir esto para pegarnos- a la Anarquía. Este es el típico razonamiento occidental proveniente del platonismo, el cristianismo y sus ulteriores derivaciones, que nos inyectan en las escuelas y las universidades. Para estas corrientes, las cosas, la vida, la Historia, tienen un sentido lineal y acumulativo, lógico, objetivo, progresivo, ascendente, una concatenación racional y necesaria de la Historia, o de la voluntad divina del Señor o su representante en la tierra, el “Conductor” o la “Jefa”. Buscando justificar su Poder, unxs citan a Dios y otrxs a la Historia. Sin embargo, digan lo que digan, ambas son metafísicas y terminan supeditando su práctica a una idea que se encuentra por fuera de ellxs mismxs. El mensaje es el mismo: ¡Sumisión! ¡Pasividad! “que decidan lxs que `saben´”, “respetemos e imitemos al poderoso porque si está ahí por algo es, dejemos que la Historia siga su curso natural, roguemos por un salvador porque nosotrxs estamos muy ocupados como para salvarnos a nosotrxs mismxs”. Como podemos ver, a diferencia de lo que buscan hacernos creer, ellxs tienen mucha más similitud con lxs burgueses que con nosotrxs. De hecho, creo que podríamos sumar a la lista de nombres de teóricos del Estado (Hobbes, Rousseau y Hume) a Marx y todxs sus secuaces. No por algo la URSS exigió, para prestar ayuda a lxs milicianxs españolxs en la Guerra Civil del ´36, la restauración de un Estado con ejército militar regular, buscando así desarmar al pueblo que ya estaba organizado en milicia, luchando y resistiendo contra el fascismo. Tanto el imperialismo yankee como el imperialismo soviético, como a su vez el fascismo franquista, se veían interesados en sabotear la Revolución Española. Esto, sumado a los propios errores de lxs anarquistas, sepultó la Revolución. Tampoco hace falta irnos tan lejos para hacernos explicar. ¿No vimos hace unos meses atrás, en una de las marchas por Santiago Maldonado, como lxs rojxs tuvieron la desvergüenza de proteger la catedral de lxs revoltosxs que la estaban atacando en un contexto de memoria combativa? Luego, tras las jornadas del 14 y el 18 de diciembre, fueron los mismos partidos de izquierda los que entregaron a sus militantes (a excepción de Sebastián Romero del PSTU el cual se dio a la fuga y esperemos que esté bien) buscados por la justicia burguesa por haber participado de los disturbios. Es a ellos, como a los burgueses, a los que les aterra la insumisión de lxs explotadxs al Partido, a la vanguardia iluminada, al Orden. Ellxs le tienen miedo a la Libertad, y es entendible. Todo pastor necesita ovejas.
Entonces, ¿por qué “Muerte al Estado”? Porque sin Estado, no hay Capital. No existe uno sin el otro, ambos son las dos caras de la misma moneda, hoy en día fusionados en un Moloch cyber-tecnológico de control y explotación. El Estado moderno, hablando pronto y rápido, fue creado por la burguesía francesa, y luego imitado por las burguesías de cada país. Dado un momento, necesitó seguir expandiendo su mercado, saliendo a la caza del “nuevo mundo” y colonizando África y Sudamérica. El Capital llega al mundo “chorreando lodo y sangre” (Marx). Hoy en día, la burguesía domina todo el Globo a través de la democracia capitalista y las multinacionales. No podría ser de otra forma, ya que toda clase dominante, una vez en el Poder, buscará desarrollar una estructura que le permita reproducir y acrecentar dicho Poder cada vez más. Esa estructura es el Estado de la democracia capitalista. “La institución de la Propiedad, no podría existir sin el Estado, el que concentra el Poder en las instituciones de dominación. Sin las leyes, las armas, los policías y los tribunales, la Propiedad no tendría una base real, ninguna fuerza para sustentarla”[7]
¿Cómo podrían los ricos sustentar su Poder si no hubiese un Estado encargado de educar proletarixs respetuosxs de la patria, la bandera y la ley, dispuestxs a ser trabajadorxs asalariadxs y orgullosxs de serlo? ¿Acaso existiría la policía que se encarga de resguardar las riquezas que nos han robado, y que reprime a la población, tanto en las manifestaciones como en los barrios con el gatillo fácil, y que a diferencia de lo que nos dicen, no combate el delito sino que lo regenta? ¿Cómo se sostendría el statu quo de la democracia capitalista si no hubiese un Estado que les enseña a sus ciudadanxs que el Grupo Clarín tiene todo el derecho a inundarnos de mierda diariamente a través de sus distintos tentáculos, y a la vez tener la cara para hablarnos de la “libertad de prensa”? No compañerxs, se nos tiene que grabar en la cabeza: el Estado es una herramienta de dominación de clases, es por eso que no se le puede utilizar con otra finalidad que la de dominar, y es por eso que Estados Unidos -la meca del Capital desde la Primera guerra mundial- “exporta Democracia y Libertad” hacia otros países aún libres del Estado capitalista. Nos quieren hacer creer que esa es la mejor forma de vivir, o mejor dicho (desde la caída del muro de Berlín), nos dicen que es la única forma de vivir. Su gran truco es hacer pasar los intereses particulares de la burguesía por el interés de todxs. De ahí el pobre de derecha o la clase media que consume toda la mierda que se le arroja. De ahí la Guerra Social de la que hablamos. No es el Estado el que impide que el hombre sea el lobo del hombre como decía Hobbes, sino que es justamente el Estado el que perpetúa que lxs individuos se vean entre sí como enemigxs, como contraposiciones, eliminando cualquier capacidad de comunidad y solidaridad entre ellxs. “Divide y reinarás” era la ley máxima según Maquiavelo, y ese sí que sabía de Política.
Ahora bien, ¿cómo se podría resolver todo este embrollo? Ciertamente no con “políticos honestos y nuevos” como sugiere la izquierda, el progresismo y los liberales cuando quieren lavarse la cara. En primer lugar, debemos comprender que hoy en día estamos así de mal por la culpa de los políticos, la pasividad y la delegación de responsabilidades. Quiero decir que los líderes y su contracara, la pasividad del resto, son un problema en sí. Somos nosotrxs mismxs (y esto no es casual) lxs que alargamos el problema, nombrando una clase gobernante que se encargará de administrar nuestros asuntos. Como decía Bakunin: “Donde todos gobiernan, ya no hay gobernados, y ya no hay Estado. Donde todos disfrutan del mismo modo de los mismos derechos humanos, todo derecho político pierde su razón de ser”[8]. Elegir representantes cada tanto no es libertad, es esclavitud. En segundo lugar, los diferentes gobiernos marxistas que han existido a lo largo de la historia son más que suficientes para argumentar lo antedicho. La Revolución Social no es algo que se pueda construir desde afuera o desde arriba, “guiando” a las masas. Esa forma de ver las cosas sigue reproduciendo relaciones de dominación. Como siempre decimos: el fin no justifica los medios, sino que el fin debe de estar contenido dentro de los mismos. Si para alcanzar la libertad te organizás de forma autoritaria y pretendes mandar a las masas, en lugar de proponerles y acompañarlas a que ellas mismas se organicen, para que justamente, dejen de ser masa, estás derrotadx desde el comienzo. Más allá de que la complexión económica de un territorio dominado por un Estado comunista cambie, las relaciones de Poder continúan, esta vez ejercidas, no ya por una clase capitalista, sino por una clase burocrática y esta nueva clase, que ya por el simple hecho de administrar el Estado (la ley, la policía, la cárcel, la economía, etc.), generará y desarrollará herramientas para perpetuar su nueva posición de privilegio. El Estado nunca podrá liberar a los individuos porque “como el Estado es un parásito, no puede vivir después de haber matado al cuerpo que lo alimenta”[9]. Donde hay libertad, no hay Estado.
“¿El Estado es un parásito? Esto es el colmo ya” dicen aún más enojados que antes los autoritarios. “¿Cómo van a decir eso? Gracias al Estado hay familias que reciben sus pensiones, su AUH, jubilaciones, etc. ¿Qué querés que esa gente quede en la calle? ¿Qué se mueran?”. Ese tipo de chicanas son delicadas, pero solo buscan pegar bajo. Tenemos bien en claro que hay gente que vive de la plata que le da el Estado, y de trabajos que el mismo Estado crea; pero si el Estado le da esa plata o ese laburo es porque en primer lugar se la sacó, y porque, como dijimos, el Estado es una herramienta de dominación de clases que tras siglos de lucha contra los pueblos ha ido perfeccionando la ciencia de gobernar, de regular las contradicciones inherentes a un sistema que socializa el trabajo pero no el producto del trabajo. El Estado es un parásito porque nos ha robado la capacidad de auto-organizarnos, nos ha vuelto esclavxs al robarnos la capacidad de auto-determinar nuestras comunidades, nuestras vidas. De hecho, ha destruido la comunidad, condenándonos a vivir en una sociedad de masas en la cual cada vez se busca homogeneizar y atomizar más el terreno. El Estado con toda su educación y su represión histórica nos ha despojado de toda posesión real de nosotrxs mismxs y de lo que nos rodea, a tal punto que hoy en día, el Estado se encuentra incluso dentro de nosotrxs mismxs. Digo, el Estado más allá de ser estructuras concretas -que deben y pueden ser atacadas- desde las que se ejerce el Poder (cárceles, congresos, medios masivos de comunicación, escuelas, comisarías, bancos, etc.), también se encuentra dentro de nosotrxs en nuestra subjetividad. He allí, la eficacia de la dominación; formar sensibilidades sumisas que creen ser libres y que toman sus decisiones. Como dice el Lonko Facundo: “La gente no piensa como quiere, la gente piensa como quiere el sistema”. ¿Acaso la gente va a votar con un fierro en la cabeza? No, la gente va con ganas a votar, siente que está ejerciendo su libertad, y que es parte de la Historia haciéndolo. Siente y cree que el patrón es alguien honorable y que el político debe ser respetado. Siente que las ganas de comprar y consumir cosas son naturales. El Estado está dentro nuestro porque ni siquiera tiene que decirnos que a la hora de protestar lo único que podemos y debemos hacer es ir a marchar y demostrar nuestro enojo de forma pacífica. El Estado está dentro nuestro porque nos matamos entre nosotrxs por plata o por un celular, porque matamos a nuestrxs novixs, porque lxs celamos, porque queremos poseer al otrx, porque competimos entre nosotrxs, porque comemos lo que nos dice y porque nos medicamos con sus remedios como si nosotrxs mismxs lo quisiésemos. Incluso, con las farmacéuticas y los antidepresivos, el Estado ha logrado que dejemos de sentir “depresión” o al menos que la tapemos lo suficiente para seguir soportando esta realidad. Está dentro nuestro porque somos patriarcales y nos relacionamos con las cosas de forma dominante y no solidaria. El Estado no nos une, sino que nos separa. El Estado es la Guerra Social.
Y donde hay guerra no hay solidaridad. Sostenemos y afirmamos que la solidaridad es el arma más revolucionaria de todas. ¿Qué entendemos nosotrxs por solidaridad? Entendemos esto: Organización. El Estado, con su “divide y reinarás”, busca cortar todo lazo de solidaridad entre lxs explotadxs, empujándolxs a competir y al “sálvese quien pueda”. De hecho, como sabemos, la burguesía, tanto a nivel nacional como a nivel internacional, es una minoría. Todas las sociedades divididas en clases sociales y cristalizadas en un Estado son en beneficio de una minoría por encima de una mayoría. ¿Pero cómo puede ser que, a lo largo de toda la Historia, las minorías se las han arreglado para dominar a la gran mayoría? Responder esa pregunta podría ser extenso y no es el interés de este escrito, pero podríamos atinar a una hipótesis: la causa de la dominación de la minoría por sobre la mayoría se debe a que la minoría se encuentra sumamente organizada y coordinada a nivel mundial, y que con el pasar de los años, perfecciona esa estructura de dominación, poniendo mucho énfasis en promover y sostener la des-organización de la gran mayoría sometida. Ése es el fin de la política, del Estado y los partidos políticos. Nos dicen cómo tenemos que organizarnos para cambiar las cosas porque saben que esa forma solo perpetúa la dominación. Generan así, un espectáculo intrincado, lleno de palabras inentendibles que buscan confundir. ¿Cómo saber quién tiene la verdad, si los radicales o los peronchos?, ¿o la tendrá la Izquierda que es tan creativa que tienen al FIT (Frente de Izquierda de los Trabajadores) por un lado, y a la IF (Izquierda al Frente) por el otro? ¿O será verdad lo que dicen los economistas del espectáculo?
Por eso, como anarquistas, creemos que la lucha está en promover la auto-organización de la gente, impulsándola a apropiarse de sus vidas y sus territorios. ¿Por qué permitimos que la policía se pasee plácidamente por nuestros barrios? ¿Por qué hay cada vez más cámaras de seguridad? ¿Por qué hay cada vez más vallas en los parques? ¿Por qué recibimos alegremente a lxs políticxs cuando visitan o inauguran una obra pública o una fábrica? ¿Por qué pagamos mansamente todos los tarifazos que nos meten? ¿Por qué hay que pagar para tener un techo? Porque no poseemos nada. Ni los barrios son nuestros, ni el trabajo, ni los parques, ni el transporte público. Sentimos que nosotrxs le debemos al Estado, cuando es realmente él quien nos debe a nosotrxs. No tenemos nada más que nuestra voluntad para cambiar las cosas. Y las cosas van a cambiar cuando logremos robarle espacio y tiempo al Estado. Cuando comencemos a generar nuevas formas de relacionarnos entre nosotrxs, contrarias a la lógica patriarcal y estatal. Debemos sabotear las bases mismas de este sistema, generando una nueva sensibilidad que no quiera ni dominar ni ser dominada. Y la única forma de construir estas nuevas relaciones es generando organizaciones autónomas del Estado y de sus recuperadores históricos (partidos y sindicatos), que construyan diversas estructuras autónomas pero relacionadas entre sí en base a la solidaridad, en las cuales se pueda expresar esa nueva sensibilidad de la que hablamos. Esas estructuras deberían ser capaces de organizar y defender la nueva vida.
Es por eso que la frase “¡Muerte al Estado, que viva la Anarquía!”, es mucho más profunda de lo que nuestros enemigos quieren que sea.
Fran Fridom
Citas
[1] La frase “Nunca más” es un claro ejemplo de olvido de la implicancia.
[2] El anarquismo también es una filosofía cuyo corpus teórico nace en Europa, y sufrió un rato de occidentalismo. Esto se observa claramente en Kropotkin y su amor y predilección por la ciencia y la bondad de la naturaleza. Vale la pena leer la crítica de Malatesta al “optimismo kropotkiano”.
[3] Karl Marx y Frederick Engels. Manifiesto del Partido Comunista, 1848, fragmento de la primera parte “Burgueses y proletarios”.
[4] Engels.De la primera parte del artículo “Der demokratische Pauslawismus”, publicada el 15 de febrero de 1849 en la Neue Rheinische Zeitung MEW, t. VI, p, 273-274.]
[5] JP Feinmann, Peronismo, Filosofía política de una persistencia argentina, Tomo II, Planeta, Buenos Aires, 2012, p.53.
[6] Pretender realizar un análisis exhaustivo del marxismo y el peronismo citando un par de frases es, obviamente, una locura, pero dichas citas atestiguan muy bien las raíces occidentales-burguesas de dichas ideologías.
[7] Wolfi Landstreicher, La red de la dominación.
[8] Escritos de Filosofía Política, compilado de textos de Bakunin por Maximoff.
[9] Anarquismo y lucha de clases de Albert Meltzer y Stuart Christie. Editorial proyección.
Una de nuestras frases favoritas dice así: “¡Muerte al Estado, que viva la Anarquía!” Frase corta pero profunda, como casi todas las buenas frases. Que sea corta hace que sea fácil de recordar y reproducir. Pero a veces sucede que las frases se quedan cortas, y no llegan a expresar todo su contenido o su implicancia[1], volviéndolas superficiales. El texto que sigue contiene unas reflexiones básicas respecto a nuestra lucha como anarquistas. Como siempre, no buscan bajar línea, sino sumar al debate intentando afilar nuestras ideas y por ende, nuestras prácticas. Nuestros textos, al igual que nuestras prácticas, no buscan ser cerrados, sino al contrario, son diálogos e incluso invitaciones. Queremos que nos respondan, queremos debatir ideas y profundizarlas, sin separarlas nunca de lxs cuerpxs que las expresan.
Todo pastor necesita ovejas
Bien, decíamos: “¡Muerte al Estado, que viva la Anarquía!” Cuando lxs rojxs y lxs peronistas escuchan esa frase, lo primero que nos dicen es “pequeñxs burgueses”. ¿Por qué?, porque según ellos, hablar de libertad individual es de burgués, ya que la proletaria tiene que poner el bien común -identificados por ellxs como el Estado- antes que su individualidad. “¿Cómo pueden lxs anarquistas querer, al igual que los burgueses, la destrucción del Estado?” dicen escandalizados y henchidos de un espíritu “patrio” o “trabajador”. Como siempre, las diferentes posturas radican en la posición que se tiene frente a las relaciones de Poder. La mayoría -por no decir todas- de las filosofías occidentales no quieren la libertad, sino que todo lo contrario: le temen, y consideran a la autoridad, el Poder, la jerarquía, líderes, jefes, leyes, jueces, castigos, etc., y todas esas cosas que solamente se justifican abstractamente en nombre de Dios, la Historia, el Progreso, la Moral, las leyes, la Opinión Pública, el Orden, etc., como necesarias e inevitables. “¡Qué se le va a hacer!” nos dicen, “Hay que ser realistas, si no hay nadie que gobierna, esto es un desastre”. Y buen, habrá que entenderles, al fin y al cabo, sus filosofías son profundamente occidentales[2]. Para Marx, “La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario”[3], evidenciando así su amor por la eficiencia y el progreso tecnológico del Estado capitalista. Las raíces occidentales del marxismo se logran entender mejor si lo acompañamos de esta otra cita:
¿O acaso es una desgracia que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?; ¿lo es que los enérgicos yanquis, mediante la rápida explotación de las minas de oro que existen allí, aumenten los medios de circulación, concentren en la costa más apropiada de ese apacible océano, en pocos años, una densa población y un activo comercio, creen grandes ciudades, establezcan líneas de barcos de vapor, tiendan un ferrocarril desde Nueva York a San Francisco, abran en realidad por primera vez el Océano Pacífico a la civilización y, por tercera vez en la historia, impriman una nueva orientación al comercio mundial? La “independencia” de algunos españoles en California y Tejas sufrirá con ello, tal vez; la “justicia” y otros principios morales quizás sean vulnerados aquí y allá, ¿pero, qué importa esto frente a tales hechos histórico-universales?[4].
No por algo el “sujeto revolucionario”, según ellxs, eran lxs proletarixs que engendrarían la industrialización burguesa. Querían que ésta se expandiese por todo el globo, porque así estábamos avanzando en el sentido correcto de la Historia. Su Dios es la Historia, el Progreso, el Estado que encarna dicho Progreso, y lxs individuxs no pueden más que someterse a esa necesidad histórica. ¿Pero cómo hablar de libertad luego de eso? ¿Acaso somos meramente esclavos de la Historia? ¿Acaso no existe la libertad? En el caso de los peronistas, dejemos que Juan Pablo Feinmann lo explique:
¿Qué es entonces la Lealtad? Es aquello que liga a todos con Dios. La Lealtad es en el peronismo, lo que la Fe es en la religión (…) Todos tienen que ser leales al conductor. El conductor, en exterioridad, otorga unión, armonía a un movimiento en sí caótico. La Lealtad es la argamasa que estructura al movimiento, que lo torna uno”[5].
Como podemos ver, ambas filosofías son arborescentes, ascendentes, jerárquicas. Una basada en el Progreso, la Historia, y por ende en la vanguardia iluminada que “la va a saber interpretar”, y la otra en Dios o su representante en la Tierra, el/la Conductor/a del Movimiento.[6] El individuo es, para ellxs, meramente una cosa que debe sacrificarse por el progreso unidireccional de la Historia (preferentemente occidental). Chorrean esclavitud por todos lados.
Bajo estos puntos de vista, toda ausencia de gobierno equivale a una falta de orden, a un caos, al desorden y por ende -les encanta decir esto para pegarnos- a la Anarquía. Este es el típico razonamiento occidental proveniente del platonismo, el cristianismo y sus ulteriores derivaciones, que nos inyectan en las escuelas y las universidades. Para estas corrientes, las cosas, la vida, la Historia, tienen un sentido lineal y acumulativo, lógico, objetivo, progresivo, ascendente, una concatenación racional y necesaria de la Historia, o de la voluntad divina del Señor o su representante en la tierra, el “Conductor” o la “Jefa”. Buscando justificar su Poder, unxs citan a Dios y otrxs a la Historia. Sin embargo, digan lo que digan, ambas son metafísicas y terminan supeditando su práctica a una idea que se encuentra por fuera de ellxs mismxs. El mensaje es el mismo: ¡Sumisión! ¡Pasividad! “que decidan lxs que `saben´”, “respetemos e imitemos al poderoso porque si está ahí por algo es, dejemos que la Historia siga su curso natural, roguemos por un salvador porque nosotrxs estamos muy ocupados como para salvarnos a nosotrxs mismxs”. Como podemos ver, a diferencia de lo que buscan hacernos creer, ellxs tienen mucha más similitud con lxs burgueses que con nosotrxs. De hecho, creo que podríamos sumar a la lista de nombres de teóricos del Estado (Hobbes, Rousseau y Hume) a Marx y todxs sus secuaces. No por algo la URSS exigió, para prestar ayuda a lxs milicianxs españolxs en la Guerra Civil del ´36, la restauración de un Estado con ejército militar regular, buscando así desarmar al pueblo que ya estaba organizado en milicia, luchando y resistiendo contra el fascismo. Tanto el imperialismo yankee como el imperialismo soviético, como a su vez el fascismo franquista, se veían interesados en sabotear la Revolución Española. Esto, sumado a los propios errores de lxs anarquistas, sepultó la Revolución. Tampoco hace falta irnos tan lejos para hacernos explicar. ¿No vimos hace unos meses atrás, en una de las marchas por Santiago Maldonado, como lxs rojxs tuvieron la desvergüenza de proteger la catedral de lxs revoltosxs que la estaban atacando en un contexto de memoria combativa? Luego, tras las jornadas del 14 y el 18 de diciembre, fueron los mismos partidos de izquierda los que entregaron a sus militantes (a excepción de Sebastián Romero del PSTU el cual se dio a la fuga y esperemos que esté bien) buscados por la justicia burguesa por haber participado de los disturbios. Es a ellos, como a los burgueses, a los que les aterra la insumisión de lxs explotadxs al Partido, a la vanguardia iluminada, al Orden. Ellxs le tienen miedo a la Libertad, y es entendible. Todo pastor necesita ovejas.
Divide y reinarás
Entonces, ¿por qué “Muerte al Estado”? Porque sin Estado, no hay Capital. No existe uno sin el otro, ambos son las dos caras de la misma moneda, hoy en día fusionados en un Moloch cyber-tecnológico de control y explotación. El Estado moderno, hablando pronto y rápido, fue creado por la burguesía francesa, y luego imitado por las burguesías de cada país. Dado un momento, necesitó seguir expandiendo su mercado, saliendo a la caza del “nuevo mundo” y colonizando África y Sudamérica. El Capital llega al mundo “chorreando lodo y sangre” (Marx). Hoy en día, la burguesía domina todo el Globo a través de la democracia capitalista y las multinacionales. No podría ser de otra forma, ya que toda clase dominante, una vez en el Poder, buscará desarrollar una estructura que le permita reproducir y acrecentar dicho Poder cada vez más. Esa estructura es el Estado de la democracia capitalista. “La institución de la Propiedad, no podría existir sin el Estado, el que concentra el Poder en las instituciones de dominación. Sin las leyes, las armas, los policías y los tribunales, la Propiedad no tendría una base real, ninguna fuerza para sustentarla”[7]
¿Cómo podrían los ricos sustentar su Poder si no hubiese un Estado encargado de educar proletarixs respetuosxs de la patria, la bandera y la ley, dispuestxs a ser trabajadorxs asalariadxs y orgullosxs de serlo? ¿Acaso existiría la policía que se encarga de resguardar las riquezas que nos han robado, y que reprime a la población, tanto en las manifestaciones como en los barrios con el gatillo fácil, y que a diferencia de lo que nos dicen, no combate el delito sino que lo regenta? ¿Cómo se sostendría el statu quo de la democracia capitalista si no hubiese un Estado que les enseña a sus ciudadanxs que el Grupo Clarín tiene todo el derecho a inundarnos de mierda diariamente a través de sus distintos tentáculos, y a la vez tener la cara para hablarnos de la “libertad de prensa”? No compañerxs, se nos tiene que grabar en la cabeza: el Estado es una herramienta de dominación de clases, es por eso que no se le puede utilizar con otra finalidad que la de dominar, y es por eso que Estados Unidos -la meca del Capital desde la Primera guerra mundial- “exporta Democracia y Libertad” hacia otros países aún libres del Estado capitalista. Nos quieren hacer creer que esa es la mejor forma de vivir, o mejor dicho (desde la caída del muro de Berlín), nos dicen que es la única forma de vivir. Su gran truco es hacer pasar los intereses particulares de la burguesía por el interés de todxs. De ahí el pobre de derecha o la clase media que consume toda la mierda que se le arroja. De ahí la Guerra Social de la que hablamos. No es el Estado el que impide que el hombre sea el lobo del hombre como decía Hobbes, sino que es justamente el Estado el que perpetúa que lxs individuos se vean entre sí como enemigxs, como contraposiciones, eliminando cualquier capacidad de comunidad y solidaridad entre ellxs. “Divide y reinarás” era la ley máxima según Maquiavelo, y ese sí que sabía de Política.
Donde hay libertad, no hay Estado
Ahora bien, ¿cómo se podría resolver todo este embrollo? Ciertamente no con “políticos honestos y nuevos” como sugiere la izquierda, el progresismo y los liberales cuando quieren lavarse la cara. En primer lugar, debemos comprender que hoy en día estamos así de mal por la culpa de los políticos, la pasividad y la delegación de responsabilidades. Quiero decir que los líderes y su contracara, la pasividad del resto, son un problema en sí. Somos nosotrxs mismxs (y esto no es casual) lxs que alargamos el problema, nombrando una clase gobernante que se encargará de administrar nuestros asuntos. Como decía Bakunin: “Donde todos gobiernan, ya no hay gobernados, y ya no hay Estado. Donde todos disfrutan del mismo modo de los mismos derechos humanos, todo derecho político pierde su razón de ser”[8]. Elegir representantes cada tanto no es libertad, es esclavitud. En segundo lugar, los diferentes gobiernos marxistas que han existido a lo largo de la historia son más que suficientes para argumentar lo antedicho. La Revolución Social no es algo que se pueda construir desde afuera o desde arriba, “guiando” a las masas. Esa forma de ver las cosas sigue reproduciendo relaciones de dominación. Como siempre decimos: el fin no justifica los medios, sino que el fin debe de estar contenido dentro de los mismos. Si para alcanzar la libertad te organizás de forma autoritaria y pretendes mandar a las masas, en lugar de proponerles y acompañarlas a que ellas mismas se organicen, para que justamente, dejen de ser masa, estás derrotadx desde el comienzo. Más allá de que la complexión económica de un territorio dominado por un Estado comunista cambie, las relaciones de Poder continúan, esta vez ejercidas, no ya por una clase capitalista, sino por una clase burocrática y esta nueva clase, que ya por el simple hecho de administrar el Estado (la ley, la policía, la cárcel, la economía, etc.), generará y desarrollará herramientas para perpetuar su nueva posición de privilegio. El Estado nunca podrá liberar a los individuos porque “como el Estado es un parásito, no puede vivir después de haber matado al cuerpo que lo alimenta”[9]. Donde hay libertad, no hay Estado.
El Estado es la Guerra Social
“¿El Estado es un parásito? Esto es el colmo ya” dicen aún más enojados que antes los autoritarios. “¿Cómo van a decir eso? Gracias al Estado hay familias que reciben sus pensiones, su AUH, jubilaciones, etc. ¿Qué querés que esa gente quede en la calle? ¿Qué se mueran?”. Ese tipo de chicanas son delicadas, pero solo buscan pegar bajo. Tenemos bien en claro que hay gente que vive de la plata que le da el Estado, y de trabajos que el mismo Estado crea; pero si el Estado le da esa plata o ese laburo es porque en primer lugar se la sacó, y porque, como dijimos, el Estado es una herramienta de dominación de clases que tras siglos de lucha contra los pueblos ha ido perfeccionando la ciencia de gobernar, de regular las contradicciones inherentes a un sistema que socializa el trabajo pero no el producto del trabajo. El Estado es un parásito porque nos ha robado la capacidad de auto-organizarnos, nos ha vuelto esclavxs al robarnos la capacidad de auto-determinar nuestras comunidades, nuestras vidas. De hecho, ha destruido la comunidad, condenándonos a vivir en una sociedad de masas en la cual cada vez se busca homogeneizar y atomizar más el terreno. El Estado con toda su educación y su represión histórica nos ha despojado de toda posesión real de nosotrxs mismxs y de lo que nos rodea, a tal punto que hoy en día, el Estado se encuentra incluso dentro de nosotrxs mismxs. Digo, el Estado más allá de ser estructuras concretas -que deben y pueden ser atacadas- desde las que se ejerce el Poder (cárceles, congresos, medios masivos de comunicación, escuelas, comisarías, bancos, etc.), también se encuentra dentro de nosotrxs en nuestra subjetividad. He allí, la eficacia de la dominación; formar sensibilidades sumisas que creen ser libres y que toman sus decisiones. Como dice el Lonko Facundo: “La gente no piensa como quiere, la gente piensa como quiere el sistema”. ¿Acaso la gente va a votar con un fierro en la cabeza? No, la gente va con ganas a votar, siente que está ejerciendo su libertad, y que es parte de la Historia haciéndolo. Siente y cree que el patrón es alguien honorable y que el político debe ser respetado. Siente que las ganas de comprar y consumir cosas son naturales. El Estado está dentro nuestro porque ni siquiera tiene que decirnos que a la hora de protestar lo único que podemos y debemos hacer es ir a marchar y demostrar nuestro enojo de forma pacífica. El Estado está dentro nuestro porque nos matamos entre nosotrxs por plata o por un celular, porque matamos a nuestrxs novixs, porque lxs celamos, porque queremos poseer al otrx, porque competimos entre nosotrxs, porque comemos lo que nos dice y porque nos medicamos con sus remedios como si nosotrxs mismxs lo quisiésemos. Incluso, con las farmacéuticas y los antidepresivos, el Estado ha logrado que dejemos de sentir “depresión” o al menos que la tapemos lo suficiente para seguir soportando esta realidad. Está dentro nuestro porque somos patriarcales y nos relacionamos con las cosas de forma dominante y no solidaria. El Estado no nos une, sino que nos separa. El Estado es la Guerra Social.
Y donde hay guerra no hay solidaridad. Sostenemos y afirmamos que la solidaridad es el arma más revolucionaria de todas. ¿Qué entendemos nosotrxs por solidaridad? Entendemos esto: Organización. El Estado, con su “divide y reinarás”, busca cortar todo lazo de solidaridad entre lxs explotadxs, empujándolxs a competir y al “sálvese quien pueda”. De hecho, como sabemos, la burguesía, tanto a nivel nacional como a nivel internacional, es una minoría. Todas las sociedades divididas en clases sociales y cristalizadas en un Estado son en beneficio de una minoría por encima de una mayoría. ¿Pero cómo puede ser que, a lo largo de toda la Historia, las minorías se las han arreglado para dominar a la gran mayoría? Responder esa pregunta podría ser extenso y no es el interés de este escrito, pero podríamos atinar a una hipótesis: la causa de la dominación de la minoría por sobre la mayoría se debe a que la minoría se encuentra sumamente organizada y coordinada a nivel mundial, y que con el pasar de los años, perfecciona esa estructura de dominación, poniendo mucho énfasis en promover y sostener la des-organización de la gran mayoría sometida. Ése es el fin de la política, del Estado y los partidos políticos. Nos dicen cómo tenemos que organizarnos para cambiar las cosas porque saben que esa forma solo perpetúa la dominación. Generan así, un espectáculo intrincado, lleno de palabras inentendibles que buscan confundir. ¿Cómo saber quién tiene la verdad, si los radicales o los peronchos?, ¿o la tendrá la Izquierda que es tan creativa que tienen al FIT (Frente de Izquierda de los Trabajadores) por un lado, y a la IF (Izquierda al Frente) por el otro? ¿O será verdad lo que dicen los economistas del espectáculo?
Por eso, como anarquistas, creemos que la lucha está en promover la auto-organización de la gente, impulsándola a apropiarse de sus vidas y sus territorios. ¿Por qué permitimos que la policía se pasee plácidamente por nuestros barrios? ¿Por qué hay cada vez más cámaras de seguridad? ¿Por qué hay cada vez más vallas en los parques? ¿Por qué recibimos alegremente a lxs políticxs cuando visitan o inauguran una obra pública o una fábrica? ¿Por qué pagamos mansamente todos los tarifazos que nos meten? ¿Por qué hay que pagar para tener un techo? Porque no poseemos nada. Ni los barrios son nuestros, ni el trabajo, ni los parques, ni el transporte público. Sentimos que nosotrxs le debemos al Estado, cuando es realmente él quien nos debe a nosotrxs. No tenemos nada más que nuestra voluntad para cambiar las cosas. Y las cosas van a cambiar cuando logremos robarle espacio y tiempo al Estado. Cuando comencemos a generar nuevas formas de relacionarnos entre nosotrxs, contrarias a la lógica patriarcal y estatal. Debemos sabotear las bases mismas de este sistema, generando una nueva sensibilidad que no quiera ni dominar ni ser dominada. Y la única forma de construir estas nuevas relaciones es generando organizaciones autónomas del Estado y de sus recuperadores históricos (partidos y sindicatos), que construyan diversas estructuras autónomas pero relacionadas entre sí en base a la solidaridad, en las cuales se pueda expresar esa nueva sensibilidad de la que hablamos. Esas estructuras deberían ser capaces de organizar y defender la nueva vida.
Es por eso que la frase “¡Muerte al Estado, que viva la Anarquía!”, es mucho más profunda de lo que nuestros enemigos quieren que sea.
Fran Fridom
Citas
[1] La frase “Nunca más” es un claro ejemplo de olvido de la implicancia.
[2] El anarquismo también es una filosofía cuyo corpus teórico nace en Europa, y sufrió un rato de occidentalismo. Esto se observa claramente en Kropotkin y su amor y predilección por la ciencia y la bondad de la naturaleza. Vale la pena leer la crítica de Malatesta al “optimismo kropotkiano”.
[3] Karl Marx y Frederick Engels. Manifiesto del Partido Comunista, 1848, fragmento de la primera parte “Burgueses y proletarios”.
[4] Engels.De la primera parte del artículo “Der demokratische Pauslawismus”, publicada el 15 de febrero de 1849 en la Neue Rheinische Zeitung MEW, t. VI, p, 273-274.]
[5] JP Feinmann, Peronismo, Filosofía política de una persistencia argentina, Tomo II, Planeta, Buenos Aires, 2012, p.53.
[6] Pretender realizar un análisis exhaustivo del marxismo y el peronismo citando un par de frases es, obviamente, una locura, pero dichas citas atestiguan muy bien las raíces occidentales-burguesas de dichas ideologías.
[7] Wolfi Landstreicher, La red de la dominación.
[8] Escritos de Filosofía Política, compilado de textos de Bakunin por Maximoff.
[9] Anarquismo y lucha de clases de Albert Meltzer y Stuart Christie. Editorial proyección.
julio 29, 2018
“En la casa de un hombre rico no hay más lugar para escupir que su cara......” (DdS)
The Gun Club (LA, California, USA)......
*-Fire Of Love (1981)-*
*-Miami (1982)-*
*-The Las Vegas Story (1984)-*
*-TGC (Vivo 1983)-*
julio 22, 2018
Desprecio demasiado la vida para pensar que cualquier cambio desarrollado en el marco de las apariencias, pueda cambiar algo de mi detestable condición.....
EN PLENA NOCHE
O
EL BLUFF SURREALISTA
/ANTONIN ARTAUD/
Que los surrealistas me hayan expulsado o que yo mismo me haya alejado de sus
grotescos simulacros, hace mucho que no es ésa la cuestión (1).
Me retiré porque estaba harto de una mascarada que había durado demasiado, por
otra parte estaba muy seguro de que en la nueva posición que habían elegido, no menos
que en cualquier otra, los surrealistas no harían nada.
Y el tiempo y los hechos no tardaron en darme la razón.
Uno se pregunta qué puede importarle al mundo que el surrealismo coincida con la Revolución o que la Revolución deba hacerse por fuera y por encima de la aventura
surrealista, cuando se considera la poca influencia que los surrealistas han tenido sobre las costumbres y las ideas de esta época.
Además, hay todavía una aventura surrealista y acaso no ha muerto el surrealismo el día en que Breton y sus adeptos creyeron que debían adherir al comunismo y buscar en el terreno de los hechos y de la materia inmediata el resultado de una acción que normalmente sólo podía desarrollarse dentro de los marcos íntimos de la mente.
Creen poder permitirse echarme cuando hablo de una metamorfosis de las condiciones
interiores del alma,(2) como si yo entendiera el alma en el sentido infecto en que ellos
1 Insistiré apenas sobre el hecho de que los surrealistas no hayan encontrado nada mejor para tratar de destruirme que servirse de mis propios escritos. Es necesario que se sepa que la nota que figura al pie de las páginas 6 y 7 del artículo «Au grand jour» y que apunta a arruinar los fundamentos de mi actividades es apenas una reproducción pura y simple, la copia apenas disfrazada de fragmentos tomados de textos que yo les destinaba y donde me ocupaba de poner a la luz su actividad, embutida de odios miserables y de veleidades sin futuro. Esos fragmentos constituían la materia de un artículo que me rechazaron sucesivamente dos o tres revistas, entre ellas la N.R.F, por demasiado comprometedor. Poco importa saber por los oficios de qué soplón llegó este artículo a sus manos. Lo esencial es que lo hayan encontrado tan molesto como para sentir la necesidad de neutralizar su efecto. En cuanto a las acusaciones que les destinaba y que me devuelven, dejo a la gente que me conoce bien, no ya según su innoble manera, el trabajo de clasificarnos. En el fondo, todas las exasperaciones de nuestra pelea giran alrededor de la palabra Revolución.
2 Como si un hombre que ha sentido de una vez por todas los límites de su acción, que rehúsa comprometerse más allá de lo que él cree que son esos límites, fuera menos digno de interés, desde el punto de vista revolucionario, que el gritón imaginario que en el mundo asfixiante en el que vivimos, mundo cerrado y para siempre inmóvil, en atención a no sé qué estado insurreccional del cuidado de clasificar los actos y los gestos que todos saben bien que no haré.
Exactamente eso es lo que me ha hecho vomitar el surrealismo: la consideración de la
impotencia nativa, de la debilidad congénita de esos señores, opuesta a su actitud perpetuamente ostentatoria, a sus amenazas en el vacío, a sus blasfemias en la nada.
¿Y hoy, qué hacen ellos para desplegar una vez más su impotencia, su invencible
esterilidad? Es por haber rehusado a comprometerme más allá de mí mismo, por haber reclamado silencio alrededor mío y por ser fiel en pensamiento y en acto a lo que sentía ser mi profunda, mi irremisible impotencia que esos señores han juzgado mi presencia inoportuna entre ellos. Pero lo mismos la entienden y como si desde el punto de vista de lo absoluto pudiera tener el menor interés ver cambiar la estructura social del mundo o ver pasar el poder de manos de la burguesía a las del proletariado.
Si los surrealistas realmente buscaran eso, al menos tendrían una excusa. Su objetivo sería banal y restringido pero al menos existiría. ¿Pero tienen acaso algún objetivo hacia el que lanzar una acción y cuándo fueron capaces de formularlo? ¿Acaso trabajamos con una meta? ¿Trabajamos con móviles? ¿Creen los surrealistas poder justificar su expectativa por el simple hecho de la conciencia que tienen?
La expectativa no es un estado de ánimo. Cuando no se hace nada no se corre el riesgo de romperse la cara. Pero no es razón suficiente para que hablen de uno. que les pareció por encima de todo condenable y blasfematorio fue que no quisiera comprometerme sino conmigo mismo acerca de la determinación de mis límites, que exigiera ser dejado libre y
dueño de mi propia acción.
¿Pero qué me importa toda la Revolución del mundo si sé permanecer eternamente doloroso y miserable en el interior de mi propio osario? Que cada hombre no quiera considerar nada más allá de su sensibilidad profunda, de su yo íntimo, es para mí el punto de vista de la revolución integral. No hay mejor revolución que la que me beneficia a mí y a la gente como yo. Las fuerzas revolucionarias de un movimiento cualquiera son aquellas capaces de desarticular el fundamento actual de las cosas, de cambiar el ángulo de la realidad.
Pero en una carta escrita a los comunistas, ellos confiesan su absoluta falta de preparación en el terreno en el que acaban de comprometerse. Más aún, que el tipo de actividad que se les pide es inconciliable con su propio espíritu. Y es aquí que ellos y yo, sea lo que sea, nos volvemos a reunir al menos en parte en una inhibición esencialmente similar aunque debida a causas graves en otro sentido, en otro sentido significativas para mí que para ellos. Se reconocen finalmente incapaces de hacer lo que yo siempre me rehusé a intentar. En cuanto a la acción surrealista misma, estoy tranquilo. Casi no pueden sino pasar sus días condicionándola.
Hacer el balance, hacer el balance en ellos como cualquier Stendhal, esos Amiel de la Revolución comunista. La idea de la Revolución siempre será para ellos una idea, sin que esta idea, a fuerza de envejecer adquiera una sombra de eficacia.
¿Pero acaso no ven que revelan la inanidad del movimiento surrealista, del surrealismo
intacto de toda contaminación, cuando sienten la necesidad de romper su desarrollo interno, su verdadero desarrollo para apuntalarlo por una adhesión de principio o de hecho al Partido Comunista Francés? ¿Era esto aquel movimiento de revuelta, aquel incendio en la base de la realidad? ¿Acaso el surrealismo, para vivir, tenía necesidad de encarnarse en una revuelta de hecho, de confundirse con reivindicaciones concernientes a la jornada de ocho horas, o al reajuste de los salarios o la lucha contra la vida cara? ¡Qué chiste o qué bajeza de alma! Sin embargo es lo que parecen decir, ¡¡¡que esta adhesión al Partido Comunista Francés les parecía la continuación lógica del desarrollo de la idea surrealista y su única salvaguarda ideológica!!!
Pero yo niego que el desarrollo lógico del surrealismo lo haya llevado hasta esta forma definida de revolución que se entiende bajo el nombre de Marxismo. Siempre pensé que un movimiento tan independiente como el surrealismo no se justificaba con los procedimientos de la lógica ordinaria. Además es una contradicción que no perturba a los surrealistas, dispuestos a no perder nada de todo lo que pueda ser una ventaja para ellos, de todo lo que momentáneamente pueda servirles. Háblenles con su Lógica, responderán Ilógico, pero digan Ilógico, Desorden, Incoherencia, Libertad, responderán Necesidad, Ley, Obligación, Rigor. Esta mala fe esencial es la base de sus maniobras.
Desprecio demasiado la vida para pensar que cualquier cambio desarrollado en el
marco de las apariencias, pueda cambiar algo de mi detestable condición.
Lo que me separa de los surrealistas es que aman tanto la vida como yo la desprecio.
Disfrutar en toda ocasión y por todos los poros es el centro de sus obsesiones. Pero el ascetismo no coincide con la verdadera magia, incluso la más sucia, incluso la más negra. Incluso el gozador diabólico tiene aspectos ascéticos, un cierto espíritu de mortificación.
No hablo de sus escritos que son brillantes aunque vanos desde el punto de vista que ellos sostienen. Hablo de su actitud central, del ejemplo de toda su vida. Yo no tengo odio individual. Los rechazo y los condeno en bloque rindiendo a cada uno de ellos toda la estima e incluso toda la admiración que merecen por sus obras o por su inteligencia. En todo caso y desde ese punto de vista no cometeré, como ellos, el infantilismo de darle
vuelta la cara a ese tema, y de negarles talento porque han dejado de ser mis amigos. Pero felizmente no se trata de eso.
Se trata de una ruptura del centro espiritual del mundo, de un desacuerdo de las apariencias, de una transfiguración de lo posible que el surrealismo debía contribuir a
provocar. Toda materia comienza por un desarreglo espiritual. Confiar en las cosas, en sus
transformaciones, en el cuidado al conducirnos es un punto de vista de torpe obsceno, de
aprovechador de la realidad. Nadie ha comprendido nada nunca y los surrealistas no comprenden y no pueden preveer adonde los llevará su voluntad de Revolución.
Incapaces de imaginar, de representarse una Revolución que no evolucione dentro de los
desesperantes marcos de la materia, se resguardan en la fatalidad, en cierto azar de debilidad y de impotencia que les es propio, del trabajo de explicar su inercia, su eterna esterilidad.
El surrealismo siempre ha sido para mí una nueva forma de magia. La imaginación, el sueño, toda esta intensa liberación del inconsciente que tiene por finalidad hacer aflorar a la superficie del alma lo que habitualmente tiene escondido, debe necesariamente introducir profundas transformaciones en la escala de las apariencias, en el valor de significación y en el simbolismo de lo creado. Lo concreto cambia completamente de vestido, de corteza, no se aplica más a los mismos gestos mentales. El más allá, lo invisible rechaza la realidad. El mundo ya no se sostiene.
Entonces se puede comenzar a calibrar los fantasmas, a rechazar las falsas apariencias.
Que la muralla espesa de lo oculto se hunda de una vez sobre todos esos impotentes charlatanes que consumen su vida en admoniciones y vanas amenazas, sobre esos revolucionarios que no revolucionan nada.
Esos torpes tratan de convertirme.(3) Ciertamente tendré mucha necesidad. Pero al menos yo me reconozco inválido y sucio. Aspiro después a otra vida. Y bien pensado, prefiero estar en mi lugar y no en el suyo.(4)
3 Ces brutes quʹils me convient de me convertir. Frase muy oscura, de difícil traducción. (N. de la T)
4 Esta bestialidad de la que hablo y que tanto los subleva es sin embargo lo que los caracteriza mejor. Su amor al placer inmediato, es decir a la materia, les ha hecho perder su primitiva.
¿Qué queda de la aventura surrealista? Poca cosa además de una gran esperanza decepcionada, pero en el terreno de la literatura misma tal vez hayan aportado algo.
Esa cólera, ese disgusto quemante volcado sobre la cosa escrita constituye una actitud fecunda y que tal vez un día, más tarde, sirva. La literatura ha sido purificada por ella, próxima a la verdad esencial del cerebro. Pero eso es todo. Conquistas positivas al margen de la literatura, de las imágenes, no ha habido y sin embargo era el único hecho importante. De la buena utilización de los sueños podía nacer una nueva forma de conducir el pensamiento, de mantenerse en medio de las apariencias.
La verdad psicológica estaba despojada de toda excrecencia parasitaria, inútil, aproximada mucho más de cerca. Entonces se vivía con seguridad, pero tal vez es una ley de la inteligencia que el abandono de la realidad sólo puede conducir a fantasmas. En el marco exiguo de nuestro dominio palpable estamos apurados, exigidos de todas partes. Lo hemos visto bien en esa aberración que llevó a revolucionarios en el plano más alto posible, a literalmente abandonar ese plano, a dar a la palabra revolución su sentido utilitario práctico, el sentido social que se quiere pretender el único válido, porque nadie quiere contentarse con palabras vanas. Extraña vuelta sobre sí mismos, extraño nivelamiento.
¿Quién puede creer que anteponer una simple actitud moral bastará, si esta actitud está enteramente marcada por la inercia? El interior del surrealismo lo conduce hasta la Revolución. Ese es el hecho positivo. La única conclusión eficaz posible (según dicen ellos) y a la que un gran número de surrealistas se ha rehusado a adherir; pero, a los otros, ¿qué les ha dado y qué les ha hecho dar su adhesión al comunismo? No los hizo dar ni un paso. En el círculo cerrado de mi persona nunca sentí la necesidad de esta moral del devenir que, parece, revelaría la Revolución. Yo coloco por encima de toda necesidad real las exigencias lógicas de mi propia realidad.
Es la única lógica que me parece válida y no una lógica superior cuyas irradiaciones no me
afectan sino en tanto tocan mi sensibilidad. No hay disciplina a la que me sienta forzado a
someterme por riguroso que sea el razonamiento que me lleva a aceptarla.
Dos o tres principios de muerte y de vida están para mí por encima de toda sumisión precaria. Y cualquier lógica siempre me parecerá prestada.
Orientación, ese magnífico poder de evasión cuyo secreto creímos nos iban a dispensar. Un espíritu de desorden, de mezquina chicana, los impulsa a desgarrarse unos a otros. Ayer, Soupault y yo nos fuimos descorazonados. Antes de ayer, Roger Vitrac, cuya exclusión fue de una de sus primeras cochinadas.
Por más que griten en su rincón y digan que no es así, les responderé que para mí el
surrealismo siempre ha sido una insidiosa extensión de lo invisible, el inconsciente al alcance de la mano. Los tesoros del inconsciente invisible vueltos palpables, conduciendo la lengua directamente, de un solo golpe.
A mí ,Rusbroeck, Martínez de Pasqualis, Boehme, me justifican suficientemente. Cualquier acción espiritual si es justa se materializa cuando es necesario.
¡Las condiciones interiores del alma! Pero éstas llevan en sí su investidura de piedra, de verdadera acción. Es un hecho adquirido y adquirido por sí mismo, irremisiblemente sobreentendido.
*
El surrealismo ha muerto por el sectarismo imbécil de sus adeptos. Lo que queda es una especie de montón híbrido al cual los mismos surrealistas son incapaces de ponerle nombre. Perpetuamente cerca de las apariencias, incapaz de hacer pie en la vida, el surrealismo todavía está buscando su salida, pisoteando sus propias huellas. Impotente para elegir para decidirse ya sea totalmente hacia la mentira, ya sea totalmente hacia la verdad (verdadera mentira de lo espiritual ilusorio, falsa verdad de lo real inmediato, pero destruible), el surrealismo busca este insondable, este indefinible intersticio de la realidad donde apoyar su palanca, antes poderosa, hoy en manos de castrados. Pero mi debilidad mental, mi cobardía bien conocidas se rehúsan a encontrar el menor interés en las convulsiones que sólo afectan ese lado exterior, inmediatamente perceptible de la realidad.
Para mí, la metamorfosis exterior es algo que sólo puede estar dado por añadidura. El programa social, el programa material hacia el que los surrealistas dirigen sus pobres veleidades de acción, sus odios jamás virtuales a todo, son para mí sólo una representación inútil y sobrentendida.
Sé que en el debate actual tengo de mi lado a todos los hombres libres, a todos los verdaderos revolucionarios que piensan que la libertad individual es un bien superior al
de cualquier conquista obtenida en un plano relativo.
*
¿Mis escrúpulos hacia toda acción real?
Estos escrúpulos son absolutos y de dos clases. Hablando absolutamente, apuntan a ese sentido enraizado de la profunda inutilidad de cualquier acción espontánea o no espontánea.
Es el punto de vista del pesimismo integral. Pero una cierta forma de pesimismo lleva en sí su lucidez. La lucidez de la desesperación, de los sentidos exacerbados y como en las orillas de los abismos. Y al lado de la horrible relatividad de cualquier acción humana, esta espontaneidad inconsciente que pese a todo impulsa a la acción.
Y también en el terreno equívoco, insondable del inconsciente, de las señales, de las perspectivas, de las percepciones, toda una vida que crece cuando se establece y se revela aún capaz de turbar el espíritu.
Estos son pues nuestros escrúpulos comunes. Pero al parecer ellos se decidieron por la acción. Pero una vez reconocida la necesidad de esta acción, se apresuran a declararse incapaces de ella. La configuración de su pensamiento los aleja para siempre de este terreno. Y en lo que a mí concierne ¿dije alguna vez otra cosa? En mi favor, de todos modos, circunstancias psicológicas y fisiológicas desesperadamente anormales y en las que ellos no podrían prevalecer.
julio 15, 2018
TRAFIGURA: DESPIDOS, CONTAMINACIÓN Y DESABASTECIMIENTO... (Argentina, Buenos Aires, Bahia Blanca)
*-Refinería Elicabe (Bahia Blanca)-*
Fuente: http://contrahegemoniaweb.com.ar
Trafigura, la empresa de capitales holandeses y suizos propietaria de la refinería Elicabe ha anunciado su decisión de producir 200 despidos para continuar la producción. No se anda con vueltas. En un comunicado la empresa ha dicho: “se ha definido una reestructuración de los procesos de trabajo para optimizar y aumentar la eficiencia de la planta, con el objetivo de reanudar el procesamiento de crudo en las próximas semanas, lo que implica, entre otras medidas, una reducción en el número de trabajadores de la refinería”. Palabras que se repiten del lado de las empresas. Los/as trabajadores/as como variable de ajuste para acrecentar ganancias. La digna respuesta obrera fue la ocupación de fábrica mientras los primeros despidos eran comunicados a supervisores que no están bajo convenio. La CTA Bahía Blanca Dorrego manifiesta su solidaridad incondicional con la defensa de los puestos de trabajo al tiempo que denunciamos que una disminución en la nómina de obreros aumentaría la inseguridad para quienes trabajan en la planta y para la comunidad que habita en barrios aledaños, con mayor riesgo de accidentes laborales y de incidentes ambientales y ecológicos que ya han ocurrido en el pasado. A tener en cuenta que Trafigura ,una empresa internacional que opera en todo el mundo tiene un triste historial en materia de daños ambientales. En el 2006 un buque de la empresa, (el Probo Koala) llevaba una gran carga de 500 toneladas de residuos tóxicos derivados de petróleo y luego de infructuosos intentos por liberarse de los mismos en Europa y Nigeria se le ordena dirigirse a Costa de Marfil .El 19 de agosto de ese año los deshechos fueron vertidos en 15 lugares cercanos a Abiyan (una de las ciudades más grandes del país) tercerizando el trabajo por 17 mil dólares con una empresa local. Los residuos son descargados en vertederos al aire libre. En las semanas siguientes miles de personas comenzaron a sentir mareos, problemas respiratorios y diarreas y quince de ellas fallecieron. La empresa nunca reveló la composición química de los residuos tóxicos vertidos pero muchos pobladores marfileños afectados siguen padeciendo las secuelas la contaminación 12 años después. Trafigura en cambio accedió a pagar al gobierno marfileño unos 200 millones de dólares en virtud de un acuerdo que otorgaba a la empresa inmunidad procesal general y la libertad de su gerente Claude Dauphin. Luego una demanda civil en el Reino Unido la obligó a acordar el pago de 30 millones de libras esterlinas a 30 mil víctimas. Finalmente un tribunal holandés declaró a Trafigura culpable de exportar ilegalmente residuos desde Países Bajos y la multó con un millón de euros.
*-Refinería Elicabe (Bahia Blanca)-*
*-"Honorable" Consejo Deliberante de Bahia Blanca-*
Mientras tanto la economía nacional se reprimariza aceleradamente: cuando no llueve baja el caudal de agua en los embalses y queda al borde del colapso la generación de electricidad, cuando hace frío no tenemos suficiente gas, cuando comienzan las cosechas no alcanza el gasoil, cuando aprieta el calor hay cortes de energía. El gobierno de Mauricio Macri fuga hacia delante profundizando las concesiones a los monopolios petroleros. La ausencia de una perspectiva política propia de los trabajadores y el pueblo permite que el gran capital y sus cómplices en las burocracias sindicales manipulen nuestros justos reclamos, para impedir que cuestionemos con nuestro accionar el esquema vigente de apropiación de la renta petrolera. Desde la CTA Bahía Blanca-Dorrego decimos que tenemos un camino: con la demanda por trabajo para todos/as y el ROTUNDO RECHAZO A LOS DESPIDOS como primera reivindicación, por mejores salarios y jornadas máximas de 8 horas con mejora en las condiciones laborales. Con la convicción que son trabajadores y empleados de todas las empresas de producción, transporte y comercialización de energía acompañados por la clase trabajadora en su conjunto quienes debemos plantear que la soberanía energética pasa por recuperación de esas empresas, su restitución al patrimonio nacional asumiendo el control de la producción para garantizar el abastecimiento a toda la población. Poner fin entonces al saqueo del petróleo, el gas y los demás recursos naturales, para edificar una Argentina próspera e igualitaria con los derechos sociales como premisa indelegable para toda la clase trabajadora.
CTA Regional BAHÍA BLANCA-CORONEL DORREGO
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