Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decía que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una maquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía.
Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no las sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: "No tienen agallas -decía ella-. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas... todo fachada y nada dentro..." Tenía un carácter rayando la locura; Un carácter que algunos calificaban de locura.
Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidiaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchilladas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía por el contrarío, realzarla.
Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviera algo que ver con el asunto.
- ¿Tomas algo?
- Claro, ¿Por qué no?
No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión, Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez.
- ¿Crees que soy bonita?- preguntó.
- Sé, desde luego. Pero hay algo más... algo más que tu apariencia...
- La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy bonita?
- Bonita no es la palabra, no te hace justicia.
Buscó en su bolso. Creía que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentía repugnancia y horror.
Ella me miró y se echó a reír.
- ¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh?
Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena. El encargado se acercó.
-Mira -dijo a Cass-, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones.
- ¡Vete a la mierda, amigo! -dijo ella.
- Será mejor que la controles -me dijo el encargado.
- No te preocupes -dije yo.
- Es mi nariz -dijo Cass-, puedo hacer lo que querrá con ella
- No -dije-, a mí me duele.
- ¿Quieres decir que te duele a ti cuando me clavo un alfiler en la nariz?
- Sí, me duele, de veras.
- De acuerdo, no lo volveré a hacer. Animo
Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde yo vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo, retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual. Quizás algún hombre, algo acabase destruyéndola para siempre. Esperaba no ser yo.
Nos fuimos a la cama y cuando apagué las luces me preguntó:
- ¿Cuándo quieres hacerlo, ahora o por la mañana?
- Por la mañana -dije, y me di la vuelta.
Por la mañana me levanté, hice un par cafés y le llevé uno a la cama.
Se echó a reír.
- Eres el primer hombre que conozco que ha querido hacerlo por la noche.
- No hay problema -dije-. En realidad no tenemos por que hacerlo.
- No, espera, ahora quiero yo. Déjame que me refresque un poco.
Se fue al baño. Salió enseguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandeciente, toda resplandor... Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama.
- Ven, amor.
Fui.
Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo. Acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos.
- ¿Cómo te llamas? -pregunté.
- ¿Qué diablos importa? -preguntó ella.
Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entro ella con una hoja: una oreja de elefante.
- Sabía que estabas en la bañera -dijo-, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza.
Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante.
- ¿Cómo sabías que estaba en la bañera?
- Lo sabía.
Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor.
Telefoneo una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza.
- Esos hijos de puta - decía-, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas.
- La culpa la tienes tú por aceptar la copa
- Yo creía que se interesaba por mí, no sólo por mi cuerpo.
- A mí me interesas tú y tu cuerpo. Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo.
Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado.
- Vaya, cabrón, has vuelto.
Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nuca la había visto así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados.
- Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza....
- No, no seas tonto, es la moda.
- Estas chiflada.
- Te he echado de menos -dijo
- ¿Hay otro?
- No, no hay ninguno. Solo tú. Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes. Pero para ti es gratis.
- Sácate esos alfileres.
- No, es la moda.
- Me hace muy desgraciado.
- ¿Estás seguro?
- Sí, mierda, estoy seguro.
Se sacó lentamente los alfileres y los guardo en el bolso.
- Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa.
- Vale -dije-, tengo mucha suerte.
- No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante.
- Gracias.
Tomamos otra copa.
- ¿Qué andas haciendo? -preguntó.
- Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa.
- A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta.
- No creo que quisiera establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio.
- Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso
Salimos juntos, por la calle, la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca.
Fuimos a casa y abrir una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa.. de aquella manera que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quito aquel vestido del cuello alto y lo vi... Vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha.
- Maldita sea, condenada, ¿Qué has hecho? -dije desde la cama
- Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún?
La arrastré a la cama y la besé. Me empujo y se echo a reír:
- Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido.
- Sí -dije-, no puedo parar de reír... Cass, zorra, te amo... deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco.
Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso.
Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó.
- ¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete!
Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban, estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutiendo ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos muchos. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente "NO". La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui.
Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fabrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me dio el encargado.
- Siento lo de tu amiga.
- ¿El qué? -pregunté.
- Lo siento. ¿No lo sabías?
- No
- Suicidio, la enterraron ayer
- ¿Enterrada? -pregunté. Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de un momento a otro. ¿Cómo podía haber muerto?
- La enterraron las hermanas
- ¿Un suicidio? ¿Cómo fue?
- Se cortó el cuello.
- Ya. Dame otro trago.
Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel "NO". Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿Por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años.
Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé "¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CALLATE YA!".
Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer.
julio 22, 2014
julio 18, 2014
julio 13, 2014
julio 03, 2014
Esto es lo que mató a Dylan Thomas (Por Charles Bukowski)
Esto es lo que mató a Dylan Thomas
(Por Charles Bukowaki)
Subo al avión con mi novia, el técnico de sonido, el
cámara y el productor. La cámara está funcionando. El técnico de sonido nos ha
colocado unos pequeños micrófonos a mi novia y a mí. Voy camino a San Francisco
para dar una lectura poética. Soy Henry Chinaski, poeta. Soy profundo, soy magnífico.
Cojones. Bueno, sí, tengo unos magníficos cojones.
El canal 15 quiere hacer un documental sobre mí.
Llevo puesta una camisa nueva y limpia, y mi novia es vibrante, maravillosa,
con sus treinta y pocos años. Ella esculpe, escribe y hace maravillosamente el
amor. La cámara está encima mío, pegada a mi cara. Yo hago como si no
estuviese. Los pasajeros miran. Las azafatas deslumbran, la tierra les ha sido
robada a los indios, Tom Mix está
muerto, y yo me he tomado un buen desayuno.
Pero no puedo dejar de pensar en los años en
habitaciones solitarias, cuando las únicas personas que llamaban a mi puerta
eran las caseras pidiendo el alquiler atrasado, o el F.B.I. Yo vivía con ratas
y ratones y vino, y mi sangre se derramaba por las paredes en un mundo que no
podía entender ni todavía puedo. Más que vivir, me moría de hambre; corría
enloquecido entre mis propios pensamientos y me escondía. Cerraba todas las
persianas y miraba fijamente al techo. Cuando salía, era para irme a algún bar,
donde mendigaba algún trago, hacía recados y era golpeado en callejones por hombres
seguros y bien alimentados. Bueno, gané algunas peleas, pero sólo porque estaba
frenético. Pasé años sin mujeres, vivía de mantequilla de cacahuete y robaba
pan y patatas cocidas. Era el imbécil, el bobo, el idiota. Quería escribir,
pero la máquina estaba siempre jodida. Me rendía y bebía...
El avión despegó y la cámara seguía filmando. Mi
novia y yo hablábamos. Llegaron las bebidas. Yo tenía la poesía, y una
magnífica mujer. La vida estaba recuperándose. Pero las trampas, Chinaski, ten
cuidado con las trampas. Luchaste por largo tiempo para poder tumbar al mundo
del modo que deseabas. No dejes que una pequeña adulación o una cámara de cine
te saquen de tu posición. Recuerda lo que dijo Jeffers: incluso los hombres más
fuertes pueden caer atrapados, como Dios cuando pasó por la tierra.
Bueno, tú no eres Dios, Chinaski, relájate y toma
otro trago. ¿Deberías quizá decir algo profundo para el técnico de sonido? No,
déjale sudar. Déjales sudar a todos. Es su jodida película. Trata de adivinar
el tamaño de las nubes. Estás volando con ejecutivos de I.B.M., de Texaco,
de...
Estás volando con el enemigo.
Al bajar del avión, en la escalerilla, un hombre me
pregunta:
—¿Qué ocurre con todas esas cámaras? ¿Qué es lo que
pasa?
—Soy un poeta —le digo.
—¿Un poeta? —pregunta él—. ¿Cómo se llama usted?
—García Lorca —digo...
Bien, North Beach es diferente. Son jóvenes y llevan pantalones vaqueros y andan dando vueltas por ahí. Estoy viejo. ¿Dónde están los jóvenes de hace 20 años? ¿Dónde está Joe el tarambana? Todo eso. Bueno, estuve en San Francisco hace 30 años y evité pasar por North Beach. Ahora estoy paseando por ella. Veo mi cara en carteles por todas partes. Ten cuidado, viejo, la chupada ha comenzado. Quieren sacarte la sangre.
Mi novia y yo paseamos con Marionetti. Muy bien,
aquí estamos, paseando con Marionetti. Es agradable estar con Marionetti, tiene
unos ojos amables y las jovencitas le paran por la calle y hablan con él.
Ahora, pienso, me podría quedar en San Francisco... pero no. Lo mejor es volver
a L. A. con la ametralladora montada en la ventana delantera. Puede que
atraparan a Dios, pero Chinaski va prevenido por el diablo. No les será
fácil...
Marionetti se va y ahí hay un café beatnik. Nunca he estado en
un café beatnik. Ahora
estoy en un café beatnik. Mi
chica y yo pedimos del mejor —60 centavos la taza—. Gran rato. No vale los
sesenta centavos. Los chicos se sientan a las mesas, mirando fijamente sus
cafés y esperando a que ocurra. No va a ocurrir.
Cruzamos la calle hacia un café italiano. Marionetti
está de vuelta con el tío del S.F.
Chronicle que dijo en su columna que yo era el mejor escritor
de relatos que había aparecido desde Hemingway. Le dije que estaba equivocado; no sé cuál será el
mejor desde que la palmó el Hemingway,
pero no es Henry Chinaski.
Soy demasiado descuidado. No pongo suficiente esfuerzo. Estoy cansado.
Llega el vino. Mal vino. La señora trae sopa,
ensalada y una fuente de raviolis.
Otra botella de vino malo. Estamos demasiado llenos para comernos la
monstruosa fuente. La conversación es floja. No tratamos de ser brillantes. Tal
vez no podamos. Salimos fuera.
Camino detrás de ellos, subiendo la colina. Camino con
mi hermosa novia. Empiezo a vomitar. Vino tinto malo. Ensalada. Sopa. Raviolis. Siempre vomito
antes de dar una lectura. Es una buena señal. El borde está afilado. El
cuchillo está en mi estómago mientras subo la colina.
Nos meten en una habitación, nos dejan algunas
botellas de cerveza. Ojeo por encima mis poemas. Estoy aterrado. Vomito en el
lavabo, vomito en el retrete, vomito sobre el suelo. Ya estoy listo.
El mayor lleno desde Yevtushenko... Salgo al
escenario. Mierda caliente. Chinaski mierda caliente. Hay una neverita detrás mío
llena de cervezas. La abro y saco una. Me siento y empiezo a leer. Han pagado 2
dólares por cabeza. Buena gente, ésta. Algunos me son hostiles desde el
principio. Un tercio del público me odia,
un tercio me adora, y el otro tercio no sabe qué coño hacer. Tengo
algunos poemas que sé que van a aumentar el odio. Es bueno sentir hostilidad,
mantiene la cabeza despejada,
—¿Quiere levantarse Laura Day, por favor? ¿Quiere
mi amor ponerse de pie?
Ella lo hace, agitando los brazos. Alguna gente
aplaude.
Comienzo a interesarme más en la cerveza que en la poesía. Hablo entre
los poemas, palabras secas y banales, mediocres. Soy H. Bogart. Soy Hemingway. Soy mierda
caliente.
—¡Lee los poemas, Chinaski! —gritan ellos.
Tienen razón, claro. Trato de dedicarme de lleno a
los poemas. Pero me paso gran parte del tiempo abriendo la puerta de la nevera. Hace el trabajo
más fácil, y ellos han pagado ya. Me han dicho que una vez John Cage salió al
escenario, se comió una manzana, se fue, y ganó mil dólares. Supuse que a mí
todavía me faltaban unas cuantas cervezas.
Bueno, acabó. Vinieron a mi alrededor. Autógrafos.
Habían venido desde Oregon, L. A., Washington.
Había también jovencitas hermosas y encantadoras. Esto es lo que mató a Dylan Thomas.
Vuelvo a subir las escaleras hacia nuestra
habitación, bebiendo cerveza y hablando con Laura y Joe Krysiak. La gente golpea la
puerta allá abajo. «¡Chinaski! ¡Chinaski!» Joe baja a contenerlos. Soy una estrella rock.
Finalmente bajo y dejo entrar a unos cuantos. Conozco a algunos de ellos.
Poetas muertos de hambre. Editores de pequeñas revistas. Se cuelan unos que no
conozco. Está bien, está bien.
—¡Cerrad la puerta!
Bebemos. Bebemos. Bebemos. Es sólo otra fangosa
borrachera de cerveza. Entonces el editor de una pequeña revista empieza a
pegarse con un crítico. No me gusta. Trato de separarlos. Una ventana se rompe.
Los echo por las escaleras. Echo a todo el mundo por las escaleras, excepto a
Laura. La fiesta ha terminado.
Bueno, no del todo.
Laura y yo estamos en ella. Mi amor
y yo estamos dentro. Ella está cabreada, tengo una tormenta que capear. Me
grita. Por nada, como siempre. Le digo que se vaya al infierno. Lo hace.
Me despierto horas más tarde y ella está de pie en
medio de la habitación.
Me levanto de la cama y me dispongo a besarla. Se me echa
encima.
—¡Te mataré, hijo de puta!
Estoy bebido. Ella está encima mío en el suelo de la cocina. Mi cara está
sangrando. Me muerde y me hace un agujero en el brazo. No quiero morir. ¡No
quiero morir! ¡Que la pasión sea condenada! Corro dentro de la cocina y me
vierto media botella de yodo sobre el brazo. Ella está echando fuera de su
maleta mis calzoncillos y camisas, cogiendo su billete de avión. Otra vez se va
por su camino. Hemos acabado para siempre otra vez. Vuelvo a la cama y escucho
sus tacones bajando la colina.
En el avión de regreso la cámara está funcionando.
Estos tíos del canal 15 quieren sacar mi vida hasta las tripas. Zooms hacia el agujero
de mi brazo. Tengo dos profundos arañazos en la mano. Y por toda la cara.
—Caballeros —digo—. No hay manera de hacer nada con
las mujeres. No hay forma.
Todos mueven la cabeza en señal de asentimiento. El técnico de sonido
asiente, el cámara asiente, el productor asiente. Algunos de los pasajeros
asienten. Yo bebo duro todo el viaje, saboreando mi pena, como se dice. ¿Qué
puede hacer un poeta sin dolor? Lo necesita tanto como a la máquina de
escribir.
Por supuesto, al llegar me paro en el bar del
aeropuerto. Lo hubiera hecho de cualquier modo. La cámara me sigue. Los tíos
del bar miran, cogen sus bebidas y hablan de lo imposible que es hacer nada con
las mujeres.
Mis honorarios por la lectura son de 400 dólares.
—¿Para qué está esa cámara? —me pregunta el tío de
al lado.
—Soy un poeta —le digo.
—¿Un poeta? —pregunta él—. ¿Cómo te llamas?
—Dylan
Thomas —contesto.
Cojo mi bebida, la vacío de un trago y miro
fijamente al frente. Estoy en mi camino.
I Want To Be a Soldier (2011) /Trailer & Sinopsis & Ficha &...../
Título original: I Want to Be a Soldier.
Titulo en español: De mayor quiero ser soldado.
Año de rodaje: 2010. Fecha de Estreno: 21 de Octubre de 2011.
Duración: 85 min.
País: España.
Director: Christian Molina.
Guión: Cuca Canals & Christian Molina.
Música: Federico Jusid.
Fotografía: Juan Carlos Lausín.
Reparto: Fergus Riordan, Danny Glover, Robert Englund, Cassandra Gava, Valeria Marini,
Andrew Tarbet, Ben Temple, Jo Kelly & Cameron Antrobus.
Montaje: Alberto de Toro.
Vestuario: Nuria Peña.
Productora: Coproducción España & Italia; Canónigo Films & Produzione Straordinaria.
Web oficial: http://iwanttobeasoldier.com/
Duración: 85 min.
País: España.
Director: Christian Molina.
Guión: Cuca Canals & Christian Molina.
Música: Federico Jusid.
Fotografía: Juan Carlos Lausín.
Reparto: Fergus Riordan, Danny Glover, Robert Englund, Cassandra Gava, Valeria Marini,
Andrew Tarbet, Ben Temple, Jo Kelly & Cameron Antrobus.
Montaje: Alberto de Toro.
Vestuario: Nuria Peña.
Productora: Coproducción España & Italia; Canónigo Films & Produzione Straordinaria.
Web oficial: http://iwanttobeasoldier.com/
I Want To Be a Soldier es la historia de Álex, un pibe de ocho años fascinado por la violencia en la TV y en los Videojuegos. Rapidamente Álex empieza a desarrollar problemas de comunicación con sus padres y compañeros del colegio por lo que se encierra en sí mismo, inventando algunos amigos imaginarios, el Astronauta Capitán Harry y su alter ego, el Sargento John Cluster. Cuando su madre da a luz gemelos, Álex empieza a sentirse solo, desatendido & No Comprendido, eclipsado por la llegada de sus nuevos hermanos. Traicionado y herido consigue que su padre le recompense con algo que siempre había deseado: una televisión en su cuarto. A través de Esta, Álex descubrirá un nuevo mundo y se sentirá totalmente fascinado por todo lo que sucede en esa Caja Boba. El elemento catalizador de esta historia será un espiral creciente de obsesión creada por las imágenes de guerra, destrucción y locura general vistas por TV......
The Brian Jonestown Massacre - Revelation (2014) /Escuchar LP Completo & .../
1 - Vad hands med dem
2 - What you isn't
3 - Unknown (demo number twleve)
4 - Memory Camp (Take two)
5 - Days, weeks and moths
6 - Duck and Cover (ausweichen und deckung)
7 - Food for clouds
8 - Second Sighting (loop one)
9 - Memorymix
10 - Fist full of bees
11 - Nightbird (demo number thirteen)
12 - Xibalba (nothing to fear but fear)
13 - Goodbye (butterfly)
Revelation (Edición vinilo)
The Brian Jonestown Massacre - Nuits Sonores 2014 (Lyon)
diciembre 04, 2013
El payaso estúpido de los designios de mi ser.....
El Oso pesado que conmigo va
El oso pesado que conmigo va
Embadurnado el rostro de una múltiple y variada miel
Zafio y dando tumbos aquí y allí
Acaparando cada sitio con su peso
Ese bruto hambriento y golpeador
Enamorado de los dulces, del sueño y de la ira
Factótum desquiciado que todo lo deshace
Que trepa el edificio y patea el balón
Que en la ciudad del odio boxea con su hermano.
Junto a mí jadea, ese pesado animal
Ese oso pesado que conmigo duerme
Y que dormido aúlla por un mundo hecho de azúcar
Por un dulzor tan íntimo como el abrazo del agua
Aúlla en sueños porque la cuerda
Tiembla mostrándole el oscuro abismo que hay debajo.
Este exhibicionista de pomposo andar está aterrado
Embutido en su traje de gala, reventándole los pantalones
Y tiembla cuando piensa que su carne tiritante
Se deshará por fin hasta convertirse en nada.
Este animal del que no puedo escapar conmigo va
Y me ha seguido desde que el negro útero me sostenía
Moviéndose conmigo, distorsionándome los gestos
Una caricatura, una henchida sombra
El payaso estúpido de los designios de mi ser
Que ofende y obnubila con su propia oscuridad
Que alienta oculto en el vientre y en los huesos
Opaco, demasiado próximo, mi secreto, y aún así desconocido
Que se yergue para abrazar a ésa a la que amo
Con la que quisiera caminar, de no estar él tan cerca
Groseramente la manosea, a pesar de que me bastaría
Tan sólo una palabra para desnudar mi corazón y mostrarme como soy
Pero él se tambalea, y lo ofusca todo, y exige su alimento
Bajo su custodia babeante arrastrándome con él
Entre los cientos de millones de su especie
Y el desenfreno de la gula en todas partes.
Traduccion: Roger Wolfe.
*-Delmore Schwartz (1913–1966)-*
El oso pesado que conmigo va
Embadurnado el rostro de una múltiple y variada miel
Zafio y dando tumbos aquí y allí
Acaparando cada sitio con su peso
Ese bruto hambriento y golpeador
Enamorado de los dulces, del sueño y de la ira
Factótum desquiciado que todo lo deshace
Que trepa el edificio y patea el balón
Que en la ciudad del odio boxea con su hermano.
Junto a mí jadea, ese pesado animal
Ese oso pesado que conmigo duerme
Y que dormido aúlla por un mundo hecho de azúcar
Por un dulzor tan íntimo como el abrazo del agua
Aúlla en sueños porque la cuerda
Tiembla mostrándole el oscuro abismo que hay debajo.
Este exhibicionista de pomposo andar está aterrado
Embutido en su traje de gala, reventándole los pantalones
Y tiembla cuando piensa que su carne tiritante
Se deshará por fin hasta convertirse en nada.
Este animal del que no puedo escapar conmigo va
Y me ha seguido desde que el negro útero me sostenía
Moviéndose conmigo, distorsionándome los gestos
Una caricatura, una henchida sombra
El payaso estúpido de los designios de mi ser
Que ofende y obnubila con su propia oscuridad
Que alienta oculto en el vientre y en los huesos
Opaco, demasiado próximo, mi secreto, y aún así desconocido
Que se yergue para abrazar a ésa a la que amo
Con la que quisiera caminar, de no estar él tan cerca
Groseramente la manosea, a pesar de que me bastaría
Tan sólo una palabra para desnudar mi corazón y mostrarme como soy
Pero él se tambalea, y lo ofusca todo, y exige su alimento
Bajo su custodia babeante arrastrándome con él
Entre los cientos de millones de su especie
Y el desenfreno de la gula en todas partes.
Traduccion: Roger Wolfe.
*-Delmore Schwartz (1913–1966)-*
El jardín donde el balón rebota......
La balada de los hijos del Zar
I
Los hijos del Zar
jugaron con un balón
En la mañana de mayo, en el jardín del Zar,
se lo lanzaban y lanzaron.
Cayó entre los arriates
o se fugó a la puerta norte.
Una luna diurna colgaba
del cielo a poniente, calva y blanca.
Como la cara de Papá, dijo la Hermana,
arrojando la pelota blanca.
II
Mientras, yo me comía una papa asada
a seis mil millas de distancia,
En Brooklyn, en 1916,
edad: dos años, irracional.
Cuando Franklin D. Roosevelt
era un anuncio de camisas Arrow.
¡Oh, Nicolás! ¡Ay! ¡Ay!
Tosió en tu ejército mi abuelo.
Oculto en un tonel apestoso a vino
tres días en Bucarest
Se fue luego a América
y llegó a ser rey.
III
Yo soy el padre de mi padre,
tú eres la culpa de tus hijos.
En la piedad y el terror de la historia
el niño es de nuevo Eneas;
Troya está en el cuarto de los niños,
el caballito de madera en llamas.
¡Explotación de menores! Cargue el niño
los padres a su espalda.
Y puesto que pasaron tantas cosas
y que la historia no es sino tristor
Para el individuo,
el que bebe té, el que se acatarra,
Generalícese la furia:
odio cosas abstractas.
IV
Hermano y hermana rebotaban
el invicto balón obligado,
Del sol cayeron añicos
como espadas sobre aquel juego,
Marchoso hacia levante entre estrellas
y hacia octubre y febrero.
Mas los vientos de mayo rozaron sus mejillas
como madre que vigila un sueño,
Y si pelean un poco
por culpa del balón
Y la hermana pellizca al hermano,
y el hermano le atiza en las canillas,
¡Pues sí! Así es el corazón humano:
flor de cacto.
V
El jardín donde el balón rebota
es otro balón que retoza.
El remolino rotatorio del orbe
impide el júbilo del albedrío.
Rueda en su foco oscuro de luz,
muy grande para sus manos.
Cosa despiadada sin fin,
capricho y perseverancia,
No se hizo para niños, para juegos,
se hizo para perseguirse.
De los inocentes se apoderan,
no son inocentes.
Son los padres del padre,
el pasado inevitable.
VI
Ahora, en este octubre
de esta mala racha,
Veo mi segundo año,
me como mi papa asada.
Mi mundo untado con manteca
que atiza mi torpe mano
Cae de la silla alta
y me echo a llorar.
Y veo el balón rodar bajo
la verja cerrada de hierro.
Grita la hermana, llora el hermano,
el balón evadió sus albedríos.
Pensar que hasta un balón
es incontrolable,
Y está bajo la tapia del jardín.
El terror se apodera de mí
Si pienso en los padres del padre,
y en mi propio albedrío.
Traducción de José Kozer
-*Delmore Schwartz (1913–1966)*-
I
Los hijos del Zar
jugaron con un balón
En la mañana de mayo, en el jardín del Zar,
se lo lanzaban y lanzaron.
Cayó entre los arriates
o se fugó a la puerta norte.
Una luna diurna colgaba
del cielo a poniente, calva y blanca.
Como la cara de Papá, dijo la Hermana,
arrojando la pelota blanca.
II
Mientras, yo me comía una papa asada
a seis mil millas de distancia,
En Brooklyn, en 1916,
edad: dos años, irracional.
Cuando Franklin D. Roosevelt
era un anuncio de camisas Arrow.
¡Oh, Nicolás! ¡Ay! ¡Ay!
Tosió en tu ejército mi abuelo.
Oculto en un tonel apestoso a vino
tres días en Bucarest
Se fue luego a América
y llegó a ser rey.
III
Yo soy el padre de mi padre,
tú eres la culpa de tus hijos.
En la piedad y el terror de la historia
el niño es de nuevo Eneas;
Troya está en el cuarto de los niños,
el caballito de madera en llamas.
¡Explotación de menores! Cargue el niño
los padres a su espalda.
Y puesto que pasaron tantas cosas
y que la historia no es sino tristor
Para el individuo,
el que bebe té, el que se acatarra,
Generalícese la furia:
odio cosas abstractas.
IV
Hermano y hermana rebotaban
el invicto balón obligado,
Del sol cayeron añicos
como espadas sobre aquel juego,
Marchoso hacia levante entre estrellas
y hacia octubre y febrero.
Mas los vientos de mayo rozaron sus mejillas
como madre que vigila un sueño,
Y si pelean un poco
por culpa del balón
Y la hermana pellizca al hermano,
y el hermano le atiza en las canillas,
¡Pues sí! Así es el corazón humano:
flor de cacto.
V
El jardín donde el balón rebota
es otro balón que retoza.
El remolino rotatorio del orbe
impide el júbilo del albedrío.
Rueda en su foco oscuro de luz,
muy grande para sus manos.
Cosa despiadada sin fin,
capricho y perseverancia,
No se hizo para niños, para juegos,
se hizo para perseguirse.
De los inocentes se apoderan,
no son inocentes.
Son los padres del padre,
el pasado inevitable.
VI
Ahora, en este octubre
de esta mala racha,
Veo mi segundo año,
me como mi papa asada.
Mi mundo untado con manteca
que atiza mi torpe mano
Cae de la silla alta
y me echo a llorar.
Y veo el balón rodar bajo
la verja cerrada de hierro.
Grita la hermana, llora el hermano,
el balón evadió sus albedríos.
Pensar que hasta un balón
es incontrolable,
Y está bajo la tapia del jardín.
El terror se apodera de mí
Si pienso en los padres del padre,
y en mi propio albedrío.
Traducción de José Kozer
-*Delmore Schwartz (1913–1966)*-
Última Salida Para Brooklyn de Hubert Selby Jr. (Ficha, Sinopsis & ...)
Titulo Original: Last exit to broklyn.
Editorial: Grove Press.
Autor: Hubert Selby Jr.
Año de Publicacion Original: 1964.
País: USA.
Titulo en Español: Última salida para Brooklyn.
Editorial en Español: ANAGRAMA.
Nº de páginas: 256 págs.
Última salida para Brooklyn es uno de los libros más míticos de la literatura "Maldita" norteamericana de los últimos 500 años, es a la vez una original obra narrativa y un documento atrozmente desgarrador de la vida en la zona más salvaje de la urbe neoyorquina. Pocos libros suscitaron opiniones tan extremas como éste cuando se publicó por primera vez, en 1964, desde la más rendida admiración (se le llamó un Viaje al fin de la noche americana, despojado de grasa) hasta el furor ciego.
La novela fue elogiada por muchos, entre ellos el poeta beatnik Allen Ginsberg,
pero no todo el mundo quería leer sus descripciones detalladas de la
homosexualidad y la drogadicción, así como violaciones en grupo y otras
formas de brutalidad aplicadas por la raza humana. Por esta novela en 1967 se abre un juicio
por obscenidad en Gran Bretaña. El notable escritor británico Anthony Burgess fue uno de una serie de escritores que se presentaron como testigos en su defensa. La novela fue prohibida en Italia y censurada en muchisimos países.....
noviembre 25, 2013
Y si las moscas usaran ropa.....
NOTA SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DE LAS MASAS
Alguna gente es joven y nada más
alguna gente es vieja y nada más.
Y alguna gente está en el medio
sólo en el medio.
Y si las moscas usaran ropa
y todos los edificios ardieran en
fuego dorado,
si el cielo se sacudiera como
en la danza del vientre
y todas las bombas atómicas empezaran a
gritar,
alguna gente sería joven y nada más
y alguna gente sería vieja y nada más
y el resto sería lo mismo,
el resto sería lo mismo.
Los pocos diferentes
son eliminados bastante rápido
por la policía, por sus madres, sus
hermanos, y otros
por sí mismos.
Lo que queda es lo que
ves
es duro.-
Alguna gente es joven y nada más
alguna gente es vieja y nada más.
Y alguna gente está en el medio
sólo en el medio.
Y si las moscas usaran ropa
y todos los edificios ardieran en
fuego dorado,
si el cielo se sacudiera como
en la danza del vientre
y todas las bombas atómicas empezaran a
gritar,
alguna gente sería joven y nada más
y alguna gente sería vieja y nada más
y el resto sería lo mismo,
el resto sería lo mismo.
Los pocos diferentes
son eliminados bastante rápido
por la policía, por sus madres, sus
hermanos, y otros
por sí mismos.
Lo que queda es lo que
ves
es duro.-
*-Charles Bukowski-*
ChAnG0 FaNg0 R3KoMi3NdA......
*-Devo*-
*-Suicide-*
*-Richard & Linda Thompson-*
*-Big Star-*
*-War-*
*Brian Eno-*
*-PJ Harvey-*
*-Psychic TV-*
noviembre 23, 2013
noviembre 09, 2013
El Sueño Eterno de Raymond Chandler (Sinopsis, Ficha & ....)
Titulo de la edición original: The Big Sleep.
Titulo en español: El Sueño Eterno.
Autor: Raymond Chandler.
Año de publicacion: 1939.
Año de edición en español: 1973.
Traducción de: José Antonio Lara.
Tapa: Luis F. Balaguer.
Editorial: Barral Editores.
Nro de paginas: 248.
Un anciano y excéntrico general, que es además un millonario, tiene dos hijas hermosisimas que andan metidas en líos. El viejo general llama a Philip Marlowe para que lo ayude a solucionar sus problemas familiares. Philip Marlowe comienza a investigar y descubre todo un universo esquizofrenico en el que las drogas, el crimen y las raterías caminan a la orden del día. Lógicamente, el general desea que Marlowe no continúe en sus investigaciones, pero el duro y sarcástico detective ya está disparado y es practicamente imposible detenerlo. ¿Hasta dónde llegarán y a costa de los secretos de quien serán las investigaciones de Marlowe?....
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